martes, 11 de octubre de 2016

LOS NUEVE CUENTOS




Nueve cuentos y una historia 


Nota previa.- Estos escritos, que siguen, fueron realizados por mí, hace ya mucho tiempo y nunca fueron publicados. Ahora he decidido hacerlo en este Blogs, enfocado a hacer conscientes a los demás. Son complementos, de lo que he publicado, con el mismo fin, en el enlace que aparece en esta página:

 tuguiaesoterica.com

Solo ruego que si los encuentran interesantes, los compartan en las redes.  Gracias. 



LOS CUENTOS primera parte
      
Cuento primero                   
    
          Voy a contar la historia de una grulla. Que no era una grulla, que alguna vez  hayáis visto por los campos, de esas vulgares. ¡No!, yo era una grulla muy especial y seguro que no me podéis haber visto de cerca, porque yo tengo buen cuidado de no ser vista.
          Yo siempre he estado muy vigilante y  alerta en todo y por lo tanto de no ser sorprendida en los campos, porque algunos humanos se entretenían en dispararnos sin más. Y, es que, ya desde pequeña yo recuerdo que comencé a ser así, yo estaba siempre muy alerta.
          Recuerdo que estando en el nido, que habían construido mis padres, entre las altas hierbas y rodeados de la arboleda, y que estaba en el borde de una zona pantanosa, allá por el norte de Europa, donde vine a nacer con mis hermanos. Que era un lugar muy bonito, con muchos animales, pero con cantidad de peligros, porque incluso cuando éramos pequeñas podían venir otros animales y devorarnos. Y por ello vivíamos ya todos muy vigilantes.
          Mi padre, era una grulla muy elegante y guapa, con su plumacho sobre su cabeza, tan bien puesto, sus plumas airosas en la cola, con esta arrogancia hasta en el andar y este saber hacer las cosas tan bien; era muy exigente y estaba siempre muy alerta. Según me contaron el me cuidaba y alimentaba mientras mi madre seguía incubando los huevos de los que debían nacer, algunos días después, mis dos hermanos. De él, porque me lo exigió y porque yo lo imite, creo que aprendí el ser de esta forma.
          También recuerdo, que ya desde muy pequeñita yo les regañaba a mis hermanos más pequeños, si se salían del borde del nido, por si se podían perder. Y, es que, mi mama me decía: "Mira, tu como eres más mayor debes cuidar de ellos". Y yo que les había tomado celos, porque a ellos desde que nacieron los miraban mucho, decidí también ser muy cumplidora para que también me mirasen a mí.
          Y los cuidaba mucho y cumplía muy bien con mis cometidos, aunque me daba mucha rabia. Lo que me pasaba es que yo aprendí a no expresarla, pues recuerdo que si alguna vez me mostraba rabiosa mi padre me daba tal grito, tan enérgico; de esos estridentes y atrompetados "cruu", que saben dar las grullas, que me cortaba todos mis impulsos; y a partir de ahí lo que yo hacía era que me picaba mi propia lengua o me arrancaba plumitas, pero no expresaba mi enfado ni mi ira.
          Estos son unos hábitos que se me han quedado y que repito siempre, cuando estoy algo nerviosa. Pero que procuro que los demás no se den cuenta porque yo quiero ser muy perfecta. Y quiero también que los demás lo sean. Porque entiendo que la única forma de poder sobrevivir es siendo así.
          Y esto me lo exijo a cada momento y en todo. Soy exigente en mí andar, el estar ante la gente, en el hablar, en todas las relaciones y en todo mi trabajo.
          Como soy también muy activa, en el trabajo progrese bastante y esto me confirmo de ser como soy. Y en todo encuentro demostración de que hay que ser perfectos.
          Y, que, también mis papas, que eran así decían a sus vecinos "Mirad mi Lucesita lo mayor que parece y lo responsable que es". Y esto a mí me gustaba y me hacía sentir importante y querida. Y me fui haciendo muy mayor, muy pronto. Y muy responsable y despierta. Y mis padres dejaron de decirme Lucesita y me llamaron Luz debido a que iba más con mi carácter. Y, luego, como consecuencia de mi esfuerzo constante: en mis cometidos y en los resultados positivos que conseguía, los otros animales han empezado a llamarme Doña Luz.
          Ahora soy un jefe de una importante empresa y en ella, a la que he llegado por mi proprio esfuerzo, mi propia disciplina, mi proprio hacer bien las cosas, mi proprio saber mandar, mi propia actividad, mi propia dignidad, mi propia constancia, en fin por mi propia "perfección", soy muy apreciada por mis superiores. Que esto es la clave de todo: lo que me exijo y lo que también a los demás en todo momento. Y es que controlo hasta el último detalle.
          Yo, ni me permito fallos, ni se los tolero tampoco a ellos. Y no lo hago con malos modales, porque no me muestro nunca o casi nunca mi ira, sino que con buenas palabras y con educación, como debe ser. Y, de esta forma, los mantengo a todos a raya.
          Soy realmente muy buena, organizando a todo el mundo y si siempre estoy enjuiciándolos, es con deseo de mejora. Y, es que en el trabajo todo lo hacen mal, o se puede hacer mejor.
          Me ocurre, a veces, cuando no consigo que los demás hagan su cometido, me pongo y lo hago yo, para que no se quede nada sin hacer. Y claro, me ocurre que, yo estoy casi siempre sobre-cargada. Y hay algunos muy vivos que me han cogido el truco. Claro, bueno, como yo tengo tantísima energía esto no es mucho problema.
          Ha habido veces, en que no he conseguido ser todo lo perfecta que hubiera deseado y entonces me he refugiado en darme pena a mí misma y también a los demás, aunque esto último no lo tolero, pues me molesta mucho que los demás me vean fallos. Y, otras veces, también me he sentido mal, porque ellos no han tomado el sentimiento de culpa, que deberían tomar, por lo que me han hecho.
          Lo que sí, alguna vez, me han dicho es que les daba lastima como me veían y, a mí, me han dado entonces muchísima más rabia y esto ha aumentado mi estado de crisis, pero tampoco la he expresado. Y, es que no me gusta, parecer inferior.
          En mi hogar, con mi pareja, las cosas van bien, porque él hace todo lo que yo quiero y le mando y buen cuidado tenga de no hacerlo. No es que le vaya a agredir físicamente, que no lo haré, pero por medio de la razón y de mostrar mis buenas intenciones y mi perseverancia, consigo de él todo lo que quiero, como lo consigo también de casi todos.
          A mis hijos los tengo también muy educados y controlados y me siento feliz porque algunos se van pareciendo a mí, aunque otros son lo opuesto: miedosos y llenos de dudas. Yo, no les permito, el menor fallo y pronto serán muy adultos.
          Yo, no tengo conciencia, de ser un individuo agresivo ni iracundo, como hay gente por esos mundos, que no saben controlarse. Yo, si que me controlo y tengo buenas razones de cómo deben ser las cosas y los comportamientos.
          Ha habido veces que mi compañero me ha acusado de frio, poco apegado y que me muestro poco íntima. Y, yo no he comprendido esto muy bien. Lo que si tengo es una fría certeza intuitiva de todo, de lo que ocurre y de lo que va a ocurrir y esto me permite adivinar y saber de ante mano muchísimas cosas, que me ayuda en mi estar alerta, en mi desconfiar.
          Cada día, siento la necesidad, de hacer algo bueno, en esto me parezco a los Boy-scout. Y también como ellos en mejorarme algo más.
          Y, es que siento, la necesidad de probarle a todos lo buena que soy. Aunque, muy interiormente, descubrí que soy un poco maligna.
          El otro día, en una conversación que teníamos con unos amigos, salió el tema de las conductas, en las distintas épocas. Y, me vino a la memoria que, la época del puritanismo, que ahora no está de moda, debía de haber sido mi época. En aquella época, las costumbres eran como debían ser, no ahora, con tanta permisibilidad y tantas libertades, que más bien parecen libertinajes. Yo, que soy más rígida, no me permito tantos placeres, que tal parece que ahora no hay que aspirar a otra cosa. Y, lo que hago es que, lo mismo que yo me exijo, voy también exigiendo a los demás. Porque como yo me esfuerzo y lo hago; pienso que esto me da derecho.
          Yo creo, que el deber, está antes que el placer. ¡Hay que ser rígidos!
          Y, es que la autoridad, existe y debe existir, para que el mundo funcione. Bueno, eso no quita, el que yo no esté de acuerdo con los pajarracos que hay en el poder, que son los que mandan en la marisma y donde ahora tenemos establecida la colonia. No obstante aunque los rebato, yo cumplo las leyes y creo que todos deberían cumplirlas, lo mismo. Eso es necesario si queremos llegar a una sociedad ideal, más perfecta y mejor. Y, es que yo también, me veo marcado, por los grandes ideales y sobre todo por los de la perfección.
          También en una conversación, por algo que había ocurrido, me di cuenta, lo que me irrita, el que un criminal o alguien que ha cometido un delito, este suelto en la calle y salga de prisión, porque un abogado, haya tenido la habilidad de inculparlo. Yo pienso, que cuando alguien hace algo mal, debe cumplir su castigo.
          Y, también me es difícil, el tolerar la incompetencia y los errores de los demás. A veces tiendo a imponer, a mis vecinos de la zona, donde invernamos, aquello que considero justo. Pienso, que soy más ética que la mayoría.
          Yo, tengo normas, para todo y me guio por ellas. No puedo ser tolerante, así que, soy enérgica con los demás y si hace falta hasta castradora de sus impulsos. Aunque, eso sí, por lo general me esfuerzo por ser lo más educada y correcta posible y tengo buenas maneras y formas. Pero, que nadie me la juegue, porque entonces difícilmente lo olvidare.
          Soy una grulla organizada y metódica. Difícilmente estoy satisfecha con lo que hago y siempre pienso que me debería mejorar aún más. Y eso cada vez que me doy cuenta, de que algo está equivocado.
          Objetivamente creo, que estoy mejor educada, que muchos otros, y busco siempre expresarme con claridad y precisión, cuidando las palabras que uso y la forma de hablar. Pero la verdad es que, eso me hace poco espontánea, en general.
          Creo también que soy muy bien intencionada y estoy totalmente segura de ser una "ave de principios", de tal modo que me considero incorruptible. Cuando no me comporto correctamente, conmigo misma, soy la juez más severa que pudiera haber.
          Como se darán cuenta me repito mucho, pero es que me gusta que todo quede muy claro.


          Ahora, me han dicho que hay un sitio donde un águila da unos cursos de perfeccionamiento, creo yo que me voy a apuntar para ver de mejorar algo más. 




Cuento segundo


     Recuerdo, que yo había nacido, cuando mis ocho hermanitos, empezaron a picar el cascaron. Mi mamá, se fijó en mí rápidamente, diciendo "co-co-coó". Y, no es porque fuera el primero en nacer, sino porque yo, había nacido, realmente hermoso.
     Mi plumón, nada más que secarse, tomó un color dorado muy especial. Luego, mamá, que era muy hacendosa y muy buena nos fue criando y nos llamaba: "cocó, cocó, cocó", cada vez que encontraba algunos granitos, para que los comiésemos. Y, nos atendía muy bien, dándonos calor y defendiéndonos como, solo las madres gallinitas pitirris, saben hacerlo.
     Yo la quería mucho y la fui queriendo, cada vez más. Además, era tan bella, con su capa de plumas doradas, sus patitas finas, su cabecita pequeña y su mirada tan viva. Tan cariñosa, tan atenta, tan servicial… Ella me decía: "Tu Juanito, serás un gallo importante, porque traes sangre de gallo de pelea y te llamaran don Juan y hablaran de ti".
     En cambio, mi padre, que era un gallo, gallo de raza Livornesa Dorada, no es que fuera feo, pero yo me parezco más a mi madre. Al principio era cariñoso, pero cuando yo empecé a crecer, él empezó, a ponerse odioso y. poco tiempo después, nos llevábamos a matar.
     Sucedió que, debido a esto, me cogieron los humanos que tenían la granja, donde habitábamos y por ser como soy y como dicen ellos: "un gallito muy fino" me llevaron a otra granja.
     Allí, al principio, estaba algo solo, pues nadie me conocía aun, pero esto duro poco, pues, mi presencia, era de notar. Mis plumas, en seguida que me las limpié y adecente, después del incomodo viaje, se quedaron relucientes y brillantes como el mismo oro. La cola que ya la tenía larga y con un maravilloso negro, con reflejos metálicos verdes, fue la envidia de aquel lugar. Y mi cresta que, aunque, tenía algunos rasguños, debido a, la diversidad de pareceres, con mi padre, casi no se les notaban y pronto estuvo todo lo tiesa que yo la tengo. Allí había varias gallinas y algunas aves, menos importantes como patos y pavos.
     Yo, que me conozco muy bien, supe rápidamente, que mi soledad duraría poco tiempo y efectivamente las gallinas, deslumbradas vinieron a darme conversación y desearon ser mis amigas, a lo que no me pude resistir.
     Mi estancia, allí duro un tiempo, que fue bueno, pues todos me reconocieron y fui el dueño de la situación. También, por el temperamento vivaz que me caracteriza. Las gallinas, correspondieron a mis encantos naturales. Y yo, me porte como era de esperar, con la fogosidad de un gallo de mi linaje.
     Como me gusta ayudar a los demás y cuidar de ellos, en general soy muy atento a sus necesidades. Aunque ellos no me lo pedían, yo estaba, casi siempre haciendes cosas. Y, cuando alguien tenía algún problema, me llamaban y allí estaba don Juan para resolvérselo todo, feliz de poder ayudarles. Y es que yo, me identifico mucho con los problemas de la gente y siento que tengo mucho amor para dar.
     Aquello funcionaba. Y hasta las demás aves, se quedaban maravilladas, con mi canto al alba.
     Los pavos, son más sosos, pero los patos, quisieron hacerse amiguitos míos. Y yo, los dejaba que, me limpiasen las plumas, con sus gorditos picos. Mientras, les contaba historias, de cosas que me habían ocurrido. Pero como soy tan imaginativo, las floreaba tanto, que a veces, ellos pensaban que eran mentiras.
     Ocurrió que, pasado este tiempo de felicidad, los granjeros trajeron un día varios gallos más y varias gallinas que, habían comprado, en la feria. Y, la situación, cambió por completo.
     Las nuevas gallinas, eran preciosas y aunque, estaban algo tímidas al principio, pronto se fijaron en mí, por lo que no tuve más remedio, que corresponder con mis atenciones.
     Dos, de mis antiguas compañeras, creo que se sintieron algo solas. Sin motivo, porque yo podría haberlas hecho felices a todas. Y entonces, se dedicaron a darle conversación, a uno de los gallos, que había entrado, nuevo en la comunidad. Que no estaba mal, ¡pero que ni punto de comparación!. Entonces, yo con ellas, corte relación y pronto las olvide.
     Con las otras, la relación seguía muy bien. Hubo una, que tuvo una perdida familiar y se sentía muy mal. Y yo, que a menudo, siento emociones intensas y lloro fácilmente, me  uní  mucho a ella y también me sentí muy mal. Y, es que a veces, yo creo vivir las cosas de, una forma más dramática, que la mayoría de mis semejantes. "El mundo de las emociones, es muy importante para mí".
     Con el resto, como os contaba, todo marchaba muy bien, porque mis amigos sabían que podían contar siempre conmigo y con mi generosidad. Y como me enternezco fácilmente, cuando veo que alguien tiene dificultades y tiene necesidad de mi ayuda, siempre estoy presto. Y, por esto, a todos los tenía al mí alrededor.
     Y monté grandes fiestas y como "tengo buen sentido del humor", nos divertimos todos mucho. "Aquí no pasa nada" pensaba yo.
      Pero, sí que pasó. Porque, a las pocas semanas, los gallos nuevos, fueron tomando, en el terreno, más confianza de la que debían. Y, aunque yo, en un principio, empecé a adularles, diciéndoles aquello lo que, a ellos les gustaba que se les dijera: " porque sé, que de este modo, es más fácil, conquistar a la gente". Ello no dio resultado esta vez. Y empezaron a querer competir conmigo.
     Y yo, que puedo ser fácilmente desdeñoso, si no me gusta la gente con cual estoy, agrave la situación. Y como, no me dejo dominar, por el miedo, aunque yo no busco la pelea. Y, como no admito la cobardía, las peleas fueron cruentas. Yo perdí, dos de mis más preciadas plumas, negras con sus reflejos verdes, de mi cola y un ala, me quedo algo mal trecha, pero ellos no quedaron mucho mejor. En la pelea, me pudieron haber ayudado mis gallinas, pero como no lo hicieron, yo no tenía por qué pedírselo y me las resolví solo.
     Los encuentros, se fueron repitiendo, en los días siguientes. Y, aunque yo pensaba que no pasaba nada, parece ser que, los granjeros, no los pensaban así. Y sin más, un día, me vi cogido de las patas y amarrado. Y me llevaron a otro lugar, en el cual había muchos animales, muchos humanos y mucho ruido. Que después me entere, que le llamaba “La Feria”.
     De allí, esta vez me llevaron a un coral, en el que había muchos más animales, que en el de la vez anterior y también había un gran campo, por el cual podría volar y correr y, mucha paja, para escarbar y poder revolcarse. Primero me tuvieron un tiempo encerrado. Parece ser, para que me fuese acostumbrando al lugar y después me dejaron salir a la libertad.
     En mi tiempo, de encierro, yo pensaba: “si tuviese la oportunidad de vivir una aventura original, o hasta un poco peligrosa, lo haría”. Porque, en mi interior, me siento aventurero y un poco salvaje.
     También, a través de la tela metálica, venían a verme las gallinas, que allí había y, en poco tiempo, pudieron admirar, las nuevas plumas que me salieron en la cola y el brillo que tomó todo mi plumaje. Ya, me imaginaba, lo felices que podríamos ser, yo y ellas, si estuviese libre. Pero, como esto no era así, tampoco pasaba nada. Y, entonces me dedique a cantar y cantar, como yo solo sé hacerlo. Por lo que, algunas gallinas me venían a hacer proposiciones, con su coco-có, coco-có.
     Por fin, pasado bastante tiempo, un día, pienso que atraído y convencido por mi bello-canto, el humano vino y me abrió la puerta de la libertad. Que fue de la libertad pero no del placer, como yo pensaba, que también debía ser. Porque, los otros gallos que allí había, me dejaron, por unos días, tranquilo. Hasta que yo, con mis encantos y atenciones, empecé a ser el centro.
     Y, como también siento que, por el amor, podría hacer cualquier cosa, atraje a sus gallinas. Y, también porque, cuando amo, soy muy posesivo y no me gusta compartirlas con ellos, se vinieron a por mí. Y, me dieron tal paliza, que si no llega a ser, porque mi linaje me permite volar, más que el de ellos, que eran vulgares y gordos gallos de corral, me hubieran matado.
     Y, me pase, una cantidad de tiempo, viviendo en la copa de un árbol y bajando a comer a escondidas, cuando los demás estaban dormidos.
     Pero no pasó nada, pues desde allí yo entonaba mis cantos y las gallinas venían a ver lo bello que era y a escuchar lo bien que lo hacía. Que bello era, pero, aunque maltrecho al principio, esto lo aprovechaba. Porque,  también les mostraba mi sufrimiento, para intentar conseguir de ellas, lo que no me atrevía pedirles directamente, como me suele ocurrir. También, “tengo que reconocer que, a veces, más que ganar una situación, he hecho un poco la escena, inventando los problemas o exagerándolos".
     No resignado y porque también soy rebelde, algún día, bajaba del árbol y como soy nervioso y me pone más nervioso, el tener que esperar, que las demás viniesen a mis citas, cuando bajaba, me impacientaba fácilmente con los otros. Y me daban otra paliza, Y se repetía la situación anterior. Y, así y allí, estuve hasta que, un día un humano, por la noche y mientras dormía, me cogió otra vez por las patas y me llevo de nuevo a la feria.
     Y, de allí, a otra granja fui a parar. Y yo, que tengo mis propias reglas y me revelo contra las normas establecidas, si las considero injustas, no podía consentir que las cosas fueran, el los corales, como ellos decían.
     Y, se repitió, casi igual, la historia bastantes veces.

     Ya, soy más viejo y como esto no cambia. Y, en el corral, en el ahora que estoy, me han hablado de que hay un águila, que es muy sabia y que tiene soluciones para muchos problemas, Y, también como, este corral, no tiene alambrada en el techo y el monte está cerca, lo he aprovechado y me he decido emprender mi vuelo, para ir a visitarla.



 

Cuento tercero



     Este es el relato, que quiero contaros, de cómo fue mi infancia y como ha sido después, hasta que yo me casé.
     En un campo muy bonito, que pertenecía a una casa de unos humanos, “muy bien”,  vivía mi familia. Mi padre, que era un pavo real, auténtico “Pavo Cristatus”, descendiente directo de los que ya, en tiempos de Cicerón, el gran Hortenno, mandaba servir, a sus importantes invitados, como plato muy especial, por la finura de su carne. Y, mi madre, también era de ascendencia notable. Habí­a además, en tan importante granja, algunas pavas más, pues como se sabe, en muestra raza es normal la poligamia y está bien vista.
     Mi madre, había hecho el nido en el suelo, entre unas altas matas Y allí, a principios de mayo, nací yo y mis siete hermanitos.
     Recuerdo que mamá, que era muy cariñosa, estaba también, casi todo el día corriendo de un lado para otro, buscándonos alimento: semillas e insectos, que luego, con amoroso cuidado, nos lo ponía en nuestros piquitos. Y por las noches y también, cuando hacía algo de frio, nos protegía, con sus alas, dándonos mucho calor y, también nos sabía defender, de cualquier peligro.
     Todo marchó muy bien en ese tiempo. Papá, casi siempre, estaba subido en lo alto de las ramas de un árbol, muy grande, que allá había y desde donde nos vigilaba.
     A partir de los diez y ocho días y en adelante, que en nuestra vida, viene a ser similar, a cuando a las crías de los humanos, tiene sobre seis meses y, como dato de referencia, se les inflaman las encías y les empiezan a salir los dientes, a nosotros nos empieza a despuntar la cresta. Y como ellos, languidecemos y nos ponemos muy sensibles. Y me debió ocurrir algunas cosas, en aquel periodo, con mis padres, que yo no recuerdo, pero si tengo el presentimiento de que se modificó mi vida, con respecto a la de mis hermanos.
     Cuando cumplimos los cien días, ya mostrábamos claramente quienes pertenecíamos a un sexo o al otro. Y yo me empecé a vestir de unas encantadoras plumas de macho, en mi cola y que no alcanzaron su verdadero esplendor, hasta casi los dos años, en que ya mostraba completa toda la hermosura de mi plumaje.
     Pero, desde el comienzo de mi pubertad, yo tenía sensación de insuficiencia, e inseguridad. Yo, no reconocía mis debilidades, antes los demás, aunque si me daba cuenta de ellas.
     Mis padres, me halagaban bastante y me decían que yo era muy guapo y muy elegante. Y, la verdad es que, yo me empecé a arreglar muy bien y siempre estaba pendiente de mis plumas: que no estuviesen rotas, muy limpias y bien colocadas, "La gente lo trata a uno según lo ven". Y, aunque esto me ha dado siempre mucho trabajo, lo hago porque lo considero muy importante.
     Yo, les decía, a mis hermanos: "Es como la postura y los gestos: no se puede andar haciendo tonterías y andando desgarbados".
     Ellos, pasaban de todo esto. Recuerdo, que me costó bastante sacrificio aprender a andar y abrir la cola como Dios manda. "Y es que todas las cosas importantes cuestan”. Y, es increíble, como hay gente que no dicen y hacen más que tonterías, no se preocupan por el bien hablar; no usan las palabras correctas y no saben emplear el vocabulario, con toda su riqueza. Es, también muy importante, la imagen que se da de perfección, "no se puede parecer un tonto".
     "No se puede perder el tiempo ociosamente”, pensaba yo. Y, como soy muy activo, leía mucho, para estar también, muy bien informado, de todo lo que ocurra en el mundo y aunque no profundizase mucho en los temas, sí poder tener muchos argumentos de conversación. Y, en las reuniones, que se hacían con los vecinos y los amigos, a las que asista también un gallo, Bántam de raza Hamburgo plateado, que era muy señalado, yo estaba siempre muy alertar Y, como era él, quien mandaba en la granja, yo siempre he procurado estar a su lado y presto a hacer todo lo que indicase. Y, siendo, como a mí me parecía, que a él le gustaría que fuese; y generalmente lo conseguía. Pero, al darme cuenta de cómo yo, me había colocado en ese sitio, me hacía sentir muy incómodo.
     Y, es que también, cuando estoy con la gente, me preocupo siempre de hablarles del tema, que a ellos, sé que les gusta. O, también, de lo que ellos están hablando. Aunque, algunas veces, esto me hace sentir mal: me crea ansiedad, si es que el tema se me escapa. "Es muy duro tener que dar respuesta a todo”. Entonces, lo que yo hago es tener mucho cuidado al hablar, cuando no domino el tema, para no meter la pata. Porque, no me gusta, que me traten de inculto. Porque, para hacer mella en la gente hace falta mucho "savoir faire”
     A nivel sentimental, yo también me controlo mucho. Y, no me gustan, los individuos histéricos que no lo hacen. Así que, soy duro, cuando me tropiezo con alguno.
     En las reuniones, yo tenía muchos conocidos, pero no verdaderos amigos, porque eso de contarles, a los demás, mis cosas más Íntimas, no me gusta y mi orgullo no me permite contar los fallos, que tanto me cuesta no tenerlos.
     Sobre todo, lo que más me cuesta, es mantener mi propia imagen física. Ya que, el mover el cuerpo, no es lo mío. Soy poco flexible, tal es que me tiro cantidad de tiempo, encaramado sobre las ramas del gran árbol. Sólo en la época de celo, de abril a agosto, me vuelvo más activo y pierdo mi rigidez. Entonces, como tengo un fuerte deseo de placer, dejo cualquier cosa por conseguirlo.
     Con mis compañeras, con las que formo familia, soy muy posesivo Y si quiero, conseguir cualquier cosa, de ellas, puedo ser muy persuasivo. Aunque no me dejo llevar mucho por pasiones amorosas.
     Pienso que: "Todo debe tener un límite", como todo lo tiene en la vida.
    "Si no somos exigentes, con nosotros mismos y ponemos nuestros límites, el mundo no marcharía", creo yo. Pero la verdad es, que el mundo no marcha, que no se porta muy bien conmigo, a pesar de mis esfuerzos.
    Mi estado de ánimo, tampoco es muy bueno. A veces me siento mal y pienso que es, porque llevo dos semanas, sin hacer deporte; otras veces me siento mal y es porque tenía que haber ido a la fiesta y no fui; me siento mal, porque tenía que haber dicho esto y no lo dije;  y así­ casi constantemente. Es, como si hubiese, siempre algo interior, que tenía que haber hecho y no he hecho. Y eso me crea una sensación de pena, que como no comprendo y procuro ignorarla.
     Mis hermanos, se meten conmigo, por lo bien que llevo mi plumaje y me dicen que soy un vanidoso. Lo que ocurre, es que ellos son unos envidiosos. "Yo no soy vanidoso".
     También, tengo problemas con ellos, porque siempre andan en plan trápalas y diciendo mentiras y eso yo no lo soporto. Ni siquiera esa palabra. “Yo casi nunca digo mentiras”.  Sólo, a veces, hago alusiones vagas o poco precisas sobre mí: que puedan dar a los otros, la impresión de que soy diferente, de lo que soy y que puedan, dar a entender, situaciones que mejoren mi imagen; pero nada más.
     Porque, mi imagen, sí que es muy importante para mí. Convertirme en "alguien". Y, conseguir el éxito, es tan importante, que haría cualquier cosa por conseguirlo. Tal es que lo que siento. Y es, lo que en cada momento, pienso que debo sentir, "Yo soy de esta manera, porque encaja en ésta imagen, que creo debo dar”. Y esto me produce una sensación de agotamiento que ya no puedo soportar más.
     "Me siento esclavo de mi propia imagen”.

     Y como, cuando “debo tomar decisiones rápidas”, generalmente reacciono de forma brillante y eficaz, mañana mismo me voy a ver a un águila, muy sabia e importante, que me ha dicho, que tal vez me pueda ayudar.





Cuento cuarto

  

     Lo que voy a contaros, no es un cuento inventado, ni muchísimo menos, sino una historia que ha ocurrido de verdad. Es, una historia triste y trágica, como ha sido mi vida.
     Hace mucho, mucho, pero que muchísimo tiempo, o al menos a mi así ya me lo parece, que había un lugar muy bonito con árboles, plantas y flores de todas clases, en el que existía una granja, con una cantidad enorme de animales. Había de todas clases: muchos gallos y gallinas con sus pollitos, patos, una familia de pavos y palomas. Y, también cantidad de pájaros, que venían a alimentarse con los alimentos que ponían el granjero. Y hasta había pavos reales, ¡tan majestuosos!
     Todos vivían muy felices y en la comunidad, reinaba una gran actividad social.
     Y tal era esa actividad social que cuando nací yo, mi mamá se pasaba todo el día yendo de un lado para otro, parloteando con las otras gallinas. Y, por eso, poco era el caso que me hacía. "Ya, desde entonces, la gente me ha hecho poco caso”, pienso yo.
     Y por más que la seguía y la llamaba con mis “pio, pio, pio”, ella pasaba de mí y yo me tenía que buscar mi alimento, picoteando donde veía picotear a mis hermanitos y demás pollitos.
     Me han contado que fui muy precoz y comencé a andar muy pronto y yo pienso que, fue debido, al tener que correr tanto, detrás de mi madre, ya que ella no me atendía, como debía. Y, a lo que no tuve más remedio que resignarme. “Tengo también la sensación de que nunca me quiso mucho".
     Cuando fui creciendo, me apuntaron al colegio nacional, que había en la colonia, para que aprendiese, lo que todas las gallinitas deben aprender. Aunque a mí, me hubiese gustado más, haber ido a una residencia de esas, tan bonitas, donde van las pollitas de buena familia, con esos uniformes de falda de cuadros y jerséis a juego, tan lindos.
      Allá­, las cosas, empezaron a salirme mall. Yo era una gallinita que me mostraba muy alegre y habladora. Todas mis amigas decían: "hay que ver La Pollita María, lo alegre y competente que es”. Pero recuerdo que, por dentro, yo lo pasaba mal, llena de tristeza y sufrimiento. Entre muchas otras causas, porque mis compañeras, tenían en sus casas, muchas de las cosas que yo no tenía. Ellas, hablaban de lo felices que eran, con sus madres y de los muchos regalos que les hacían y no es que a mí no me hiciesen algún regalo que otro, pero los de ellas generalmente eran más bonitos.
     Todo lo que recuerdo de aquella época, eran los sufrimientos que pasaba. Aunque no recuerdo, claramente, cuáles eran las causas. Siempre pensaba, que a mí, me debería pasar, como a la princesa del cuento, que se durmió y luego un príncipe, muy guapo, la besaba para despertarla Y cambiaba su vida para ser muy feliz.
     Cuando fui más mayor, un gallo me cortejó y aunque, a mí, no me gustaba mucho, yo no le dije que no. Es lo que me pasa casi siempre, que no sé decir que no, a lo que me piden. Bueno, también me ocurre que, cuando alguien me demuestra que está interesado por mí y que me quiere, "yo puedo ser muy afectuosa".
     Pero pasó que, mi vida no fue feliz, tampoco con él. Pasado un poco tiempo, él quería estar todo el día, con otras gallinas y eso yo no lo podía soportar. Empecé a ponerme celosa ¡y con razón! Y me fui poniendo, también enferma del estómago. Y, luego de mucho tiempo, en que ya no sabían que me pasaba, un especialista me dijo que no tenía nada, que todo era de “los nervios”. Y, aquella enfermedad, se me quitó. Y luego, me dieron jaquecas. Y, me dio, otra enfermedad. Y luego otra. Y, así ha sido, casi constantemente, que nunca he estado buena del todo.
     Pues, como antes os contaba, con mi primer marido, las cosas no fueron nada bien. Lo que pasó fue, que yo tenía verdadero horror a la separación y no fui capaz de cortar la relación, a pesar de lo mal que me iba.
     Terminó la situación, porque él fue, quién se separó de mí. Y, aunque yo no lo quería, esto, también me sentó muy mal y lo pasé fatal.
     Después, tuve la oportunidad de conocer a otros gallos, pero yo desconfiaba mucho y desconfío, en general de casi toda la gente, porque poca es de confianza. Así que, me vi sola, durante bastante tiempo.
     Los gallos, que a mí me gustaban, que eran los más guapos y mejor situados, sobre todo. Uno a uno, se fueron viniendo abajo y derrumbándose. La confianza, que depositaba en ellos, se la tuve que quitar, a pesar de mi entrega.
     Fueron estas situaciones y no solo estas. Porque, la verdad es que, yo no sé, realmente, cuales son las causas, las que me hacen vivir en un estado continuo de ansiedad. Y, es que, tampoco sé realmente, que es lo que quiero. Y, si sé, realmente amar o si me entrego totalmente. Me da la sensación, de que no pongo nunca, todo lo que tengo que poner, en una relación. La verdad es, que estoy hecha un poco lío.
     Hay veces, también, me veo rumiando, sobre las cosas que no he tenido en la vida y eso me hace sentir muy frustrada. Después, al final me casé, de nuevo, con un gallo que no se parecía nada a mí. Él, era muy seguro de sí. Y, me decía que, me quería mucho. Pero yo, desconfiaba, también de él. Y, no podía aguantar, que mirase a ninguna otra gallina, ni siguiera que estuviese con los amigos. Cuando le veía algún detalle, yo no le decía nada. Cuando eso ocurría, me lo guardaba. Y pasado el tiempo, cuando no podía aguantar más reventaba. Y, entonces, lo sacaba. Y, él ya ni se acordaba, ni sabía, a que me refería y yo se lo echaba en cara. "Yo, lo estaba pasando muy mal, ¡claro está! y se lo tenía que decir.
     Durante, el principio de nuestro matrimonio y antes de que naciesen nuestros primeros hijos, como teníamos tiempo nos dedicamos a ir a reuniones y también veíamos exposiciones de arte, que a él le gustaban y para mi es algo muy especial. Porque, por el arte, siento como una adoración y también por el teatro y por los conciertos. Y, es que yo, también me considero, una “gallina algo especial”.
     Me encanta, también, la Época Romántica. Y, es porque "yo soy bastante romántica". "La belleza, las buenas formas y el gusto exquisito”, son cosas muy importantes para mí, porque todo eso me ayuda, a superar las tristezas de mi vida.
     Luego, todo eso se terminó, porque yo me tuve que dedicar a criar a mis hijos. Que fueron muchos. Porque yo, que soy muy sufridora y una gallina muy ponedora, todos los huevos que ponía los encubaba. Y, hasta el poner los huevos, que me decían todos, que eso era la cosa natural del mundo, para mí era todo un drama.
     Con mis hijos me llevo fatal. ¿Por qué, es tan difícil poder controlarlos? "Con lo importante que es la disciplina".  Yo soy una gallina muy disciplinada y me gusta hacer las cosas muy bien y con “cierta clase".
     Ellos, no me han dado más que problemas. Por más que les digo lo mal que me siento y me encuentro por su culpa, ellos no me hacen caso y no hacen más que darme disgustos.
     También, cuando alguna vez se ponían enfermos, yo lo pasaba fatal, pues como me preocupa el sufrimiento de los demás. Yo, tiendo a sacrificarme por ellos, aunque esto, me provoque también sufrimiento.
     Y, por ese tiempo, con mi marido, también la situación, se fue poniendo tensa. Por una parte, me acusa de frígida, de que casi nunca tengo ganas de estar con él y por otra de que lo ando controlando.
     Y es que yo, lo tengo que controlar todo. Y tengo, que estar siempre alerta, pues cualquier detalle o cosa que pueda parecer insignificante, en realidad no lo es. Una mirada o un gesto, pueden significar mucho. Y, todo esto, como yo “soy tan sensible”, me puede dañar. ¡Y me daña, porque estoy, con los nervios, hecha polvo! Ya he estado en cinco o seis terapeutas, que me han ido recomendando y ninguno ha sido muy bueno, porque no han podido quitarme estos malestares.
     Me hubiese marchado, ya de la casa, hace tiempo, por ver si mi vida cambiaba, pero como soy una gallina, que se implica mucho afectivamente, me es muy doloroso,  separarme, de los que me son familiares.
     "Tengo la sensación de que, en la vida, es todo muy complicado".
     Como tengo una gran necesidad de amor y afecto, eso me hace estar colgada, de mi marido y mis hijos.
     También, a veces, no sé lo que me pasa, cuando debo amar a alguien, me ocurre que lo odio. Cuando tengo que acercarme, lo que hago es que me retiro. Si estoy triste por dentro, me muestro alegre, ante los demás. Cuando más vulnerable y débil me siento, más invulnerable y fuerte aparento, tal parece, que no hay obstáculo que se me resista.
     También, veo que debo estar contra todo, ¡por principio! Pues todo me puede dañar. Y, me niego a hacer esfuerzos, para conseguir las cosas, porque ya he recibido suficientes decepciones, en la vida. "Y es que la vida siempre me ha tratado tan mal”. "¡Creo que, la vida me debe mucho!".
     Yo me juzgo duramente. Y, algunas veces, tan duramente, que creo que no valgo nada. Y, en esas situaciones, querría simplemente desaparecer y rehacerme desde el principio.
     Me siento en continuos ciclos de depresiones. Hay temporadas en que estoy muy activa, que soy la admiración de toda la granja Y todos se fijan en mí. "Fijaros en la María, como se mueve de un lado para otro", dicen mis vecinas. Y, hay otras épocas en las que me siento fatal, que solo tengo ganas de morirme. Aunque yo me muestre tan jovial e incluso chistosa y haciendo el payaso.
     El otro día, una vecina, por un problema a causa de los pollitos, me insulto y me dijo que yo era muy envidiosa. Y yo no la insulte también, ni le dije de todo lo que pensaba,   ni fui capaz de agredirla, que es lo que tenía que haber hecho. Pero es que yo, no soy capaz de agredir, a nadie físicamente. Pero me sentí muy mal y se me agarró un dolor en el estómago… Esto me suele ocurrir con regularidad y “es porque lo tengo muy débil”.
Luego, yo he estado pensando, del por qué, me molestó tanto, eso de decirme envidiosa y es porque en realidad yo me siento envidiosa. Que no es, como los demás creen, sino que es, como consecuencia de un sentimiento de privación de las cosas, que no he tenido en la vida. "¡Son tantas las cosas que me faltan y que necesito!”.
     Me fastidia, también, que las otras gallinas que conozco, que fueron mis compañeras y amigas, tengan éxito y se hable de ello en toda la granja.

     Veréis que, me he extendido mucho, en mi relato. Y es, porque yo tengo mucha imaginación y me paso mucho tiempo pensando y repensando sobre los hechos de mi vida.






Cuento quinto.

 
     Recuerdo, que cuando estaba en el huevo, ya me sentía muy sola. Y, a veces, me faltaba el calor, para seguir creciendo, pues el sol, no siempre era tan radiante, como hubiera sido menester. Y, mi madre, casi siempre estaba ocupada, fuera del nido.
     Cuando nací, nada cambió, pues mi madre solo venia para darme de comer y tampoco atendía mis llamadas. Solo recuerdo, el piar de mis hermanos, que habían nacido antes que yo. "¡Mi madre me quiso más bien poco!”.
     A mi padre, casi no lo conocí, es como si no hubiese existido. Y fui creciendo. Y al final, también me quedé sola en el nido. Y cuando me crecieron las plumas me marché.
     Me empecé a juntar con otras aves, que tenían mí mismo plumaje. Y, de ellas, aprendí a defenderme a picotazos. Que, eran los mismos que ellas me daban, si me acercaba, por ver lo que recogían. Y, pronto me fui dando cuenta, que “el mundo es algo malo”, en que tiene que defenderse, una misma como bien pueda. Por lo, que también, debo procurarme las cosas, para poder subsistir yo sola.
     Un día, me acerqué a un humano y unos objetos que tenía, que brillaban mucho me llamaron la atención. Y, cuando fui a verlos, me tiró una piedra diciendo ¡Fuera urraca! y algo más que no comprendí. Y así supe que mi nombre era Urraca. Y, también aprendí a no fiarme, tampoco de los humanos y sobre todo de unos, que tenían, en las manos, una cosa larga que producía ruido y arrojaba fuego y a mis semejantes los destrozaban.
     Por todo esto, fui aprendiendo a ser desconfiada y solitaria y a no gustarme que los demás me molestasen. Pero curiosamente cualquiera me podía liar y enredarme haciendo de mi lo que querían.
     También, me ocurre que, aunque piense de forma diferente, a como lo hace, la otra ave con la que estoy hablando, me es difícil afirmar mi punto de vista y entonces tiendo, a conformarme con lo que se me pide.
     ¡Me falta voluntad, para saber, qué es lo que quiero! Y el cómo expresarlo. Así es que, cada vez, me fui sintiendo más retraída y solitaria. No es que estuviese sola, que si había muchas como yo y aves de otras clases. Pero cada vez era más tímida y, me era más difícil, contactar con los demás.
     Recuerdo que, desde casi siempre, en mis relaciones afectivas tenía miedo y tengo miedo a verme invadida y entonces lo que hago, es poner una distancia entre mis amigos y yo. Lo que me hace perderlos como tales.
     Cuando me juntaba, con el grupo de trabajo, para hacer algo juntos, por ejemplo, para ir de campo y me decían: "Mira Urraca tú te encargas de ir a buscar el agua", yo me molestaba con ellas, discutía y nunca me parecía bien, lo que me decían que tenía que hacer. Y, es que "Tengo un verdadero odio a hacer lo que se me pide y espera de mi".
     Por todo esto, las relaciones con mis vecinos, no eran muy buenas. Ya que como "yo también tiendo a sentirme culpable, de lo que he hecho y de lo que no y no sé el por qué”. Y, también me siento culpable, de las todas las cosas, que ocurren cerca de mí. Y ellos se aprovechan de esto. Y ¡me va fatal!
     En las reuniones, a las que asistía y con los pocos amigos que tenía, yo daba la sensación, de que era un individuo muy frío, que nada me llegaba, ni me hacía sentir. Pero eso no era cierto, pues en realidad "soy muy sensible y a veces pienso que hipersensible”. Todo me tocaba y como protección, fui aprendiendo a no mostrar a los demás, del cómo yo realmente era: con mis sentimientos de soledad y tristeza. Y entonces, opté también, por mostrarme dura.
     Yo me decía: ¡Yo debo ser una urraca fuerte!, ¡Las urracas no sufren!, ¡Las urracas no lloran!, ¡Las urracas no sienten! Pero a la vez yo me veía tan débil, tan sufriente. Y, me tragaba, mis propias lágrimas. Y, el sentir, poco a poco, lo fui acallando.

     “El ponerme deberes y el disculparme me es muy familiar”. Siempre estoy pensando, en las cosas que debo hacer, objetivos que tengo que cumplir. Y, después, yo misma, me pongo las disculpas, del por qué no puedo. "Tengo, una enorme lucha, entre las imposiciones, que me hago y mis propias disculpas”.
     Y me fui dedicando, a conseguir cosas, a poseer objetos. Todo lo que veía, lo iba guardando. Y, cuando tenía, el hueco del tronco de un árbol bien lleno, elegía otro y también lo llenaba.
     Soy muy minuciosa: Cuando planifico lo que tengo que hacer, estoy muy atenta a considerar hasta lo más pequeño y difícilmente se me escapa algo. Aunque también, efectivamente, me doy cuenta, de que para algunas cosas, soy algo distraída.
     Soy un ave más bien intelectual y me he dedicado mucho a leer y estudiar. Y, con poco sentido práctico, lo que me hace ser poco eficiente. En el hogar y en las cosas cotidianas, puedo llegar a ser un desastre.
     Y, tengo también, a veces, cierta tendencia a la abstracción Y a evitar las cosas concretas. "Efectivamente me doy cuenta de que soy algo distraída".
     Como os decía antes, durante mucho tiempo me dedique a juntar cosas. Y coleccioné objetos de todas las clases y títulos y discípulos y dinero. Y coleccioné colecciones. Y de esto y de aquello.
     Y también coleccioné resentimientos, que se fueron formando, de mis sentimientos que no expresaba y de los cuales no hablaba con nadie.
     Y también, he llegado a tener una gran colección, de situaciones inconclusas. "Que otro día sacaré y resolveré". Y ese, "que otro día haré”, también se me ha generalizado,.
     Y, como en el fondo me sentia débil, mostraba mis colecciones, a los demás, para que viesen que importante era y cuanto tenia. Pero, también, en el fondo, eso tampoco me hacía sentir más fuerte. Y, entonces, me lo mostraba a mi misma y lo contaba. Y me decia: si tengo todo esto debo ser muy importante. Y, como no estaba segura de serlo, pensaba que debería tener aún más. "Hay algo que no va en mí. A veces no me gusto nada"
     Mi soledad se fue agrandando y eso me sirve como defensa, porque, "los demás tampoco tienen sentimientos". "No puedo pedir nada a nadie, mi tan siquiera tengo fuerzas para exigir”. "El mundo tiene poco sentido", pienso.
     ¡A veces siento ganas de morir! ¿Qué sentido tiene la vida? Hay urracas que son como yo y han triunfado ante los demás. Se les ve importantes. Y yo no sé cómo.

     Ahora, como me he enterado, que hay un águila, que dirige unos talleres, me voy a apuntar, a ver si amplio más mis conocimientos.   





Cuento sexto

 

     Un día, mamá avestruz, estaba buscando comida, cuando una gran tormenta se desató y arrastrando el viento: ramas y toda clase de objetos, en poco rato dejo todo muy revuelto. Viniendo a ocurrir que, desde lo alto del risco y del nido que allí tenía una familia de buitres, un huevo rodó y fue a caer junto al que ya tenía puesto mi mamá. Y como ella era muy despistada, cuando llegó y vio que había dos huevos, pensó que ella los habría puesto. Y aunque uno era un poco más pequeño, no tuvo mayor importancia, porque, eso sí, ella era una madre muy madre y querría igual a sus hijitos, fuesen del tamaño que fuesen. Y, los defendería siempre, contra todo peligro.
     Llego el día en que nacimos y claro, mi hermano y yo nos parecíamos bastante poco. Mamá que era muy perfecta y eficiente nos cuidó muchísimo. Y pronto se dio cuenta, que teníamos el pico diferente y a cada uno nos traía comida distinta. A mi hermano, le saciaba de gusanos y saltamontes y a mí me daba semillas, aunque, como ella las deglutaba luego, al dárnoslas, sabían casi igual.
     Mamá, siempre tenía muchas normas y era muy difícil poder hablar con ella. Pues aunque no mostraba mal carácter, siempre imponía su voluntad. Ella se creía, siempre llena de razón y como siempre estaba muy ocupada y era tan activa... Nosotros nos fuimos, criando como pudimos.
      A mí, que me parecía más a mamá físicamente, me pusieron de nombre Lola y a mi hermano Adolfo, por un tío político de mamá, que decían había sido muy nombrado.
    
     Ahora yo os voy a contar mi historia o más bien como era. Y luego que os la cuente Adolfo.
     Cuando íbamos creciendo y mientras nos alimentaba mamá, todo iba bien. Ella nos protegía tanto y era tan fuerte. Sólo, poco después, se me empezaron a poner las cosas bastante negras. Todo me empezó a salir mal, Papá Avestruz, que por cierto no le he nombrado aún y eso que tanto lo amo, ¡"mi papá”!, dejó de hacerme caso y se fue por ahí, a correr por los campos. Yo me sentí muy defraudada e insegura. Y eso se generalizó a todas las situaciones. Me sentía defraudada por todos y temía constantemente ser rechazada. Y, empecé a sentirme, con mucha angustia, por todo.

     En la escuela, a la que fuimos. Porque decía mamá, que debíamos ser muy educados, yo siempre temía no tener suficiente talento y poder equivocarme. Me fui convirtiendo en un mar de dudas. Y, también dudaba, de todo lo que los demás hacían y decían. Me fui haciendo, cada vez, más cobarde y asustadiza. Recuerdo que, también me fui haciendo, muy precavida. Por ejemplo, cuando llegaba a algún sitio nuevo, lo primero que miraba, era por donde podría escapar, en caso de que hubiese algún problema o peligro. Aunque, cuando había un peligro, siempre hacia un agujero en la tierra y en él, escondía la cabeza, que es lo que dicen que hacen, los avestruces, pensando que así el peligro pasaría. Esto me ocasionaba otros graves percances, pero yo no escarmentaba. Recuerdo también, que en el colegio, algunas veces, a los compañeros los solía intimidar, para que viesen que era muy valiente. Pero mis dudas podían y entonces, me fui haciendo, muy tímida e insegura.
     Me fui sintiendo y encontrando sola. Pues, los compañeros, empezaron a pasar de mí y yo no me fiaba tampoco de ellos. Les ponía en duda, todo lo que decían y esto les sentaba mal. Y yo me encontraba mal. Pero estaba así. ¿Y, que podría hacer?
     A la maestra... Bueno no sé lo que me pasaba con ella, me molestaba lo que decía y me ordenaba, pero también le hacía caso en todo, no sé, no sé...
     Cuando me hice más mayor, las cosas no se mejoraron. Al contrario, las dudas se me fueron haciendo cada vez más grandes. Parece que crecían más a prisa que yo. Cuando iba a buscar comida nunca sabía cuál sería la mejor para comer: "si esta lechuga, si esa col, si aquel rábano”. Y, en este dudar, entre que se me iba el tiempo y que otras avestruces llegaban y se las comían, yo me quedaba generalmente a tres velas. O, mejor dicho, con la cabeza caliente y el estómago vacío Entonces culpaba a las demás. Y eso no es todo, cuando alguna vez me decidía, después de tanto elegir, siempre me quedaba la duda, de que si la pieza que me había comido, no habría sido la mejor o si no habría sabido elegir bien.
     "Nada de esto me pasaría si yo fuese más segura de mi".
     “Bueno, es que yo quiero ser como mi mamá, y como mi papá o mejor como los dos juntos, o mejor como la suma de los dos. O mejor, más que la suma de los dos”. "Lo que pasa es que soy tan torpe…”
     ¡La culpa es de ellos, que no me han sabido enseñar! Y, ahora yo, me siento, tan débil, tan aturdida, tan impotente. Y, todo esto, ¡me da tanto miedo! ¿Qué va a ser de mí…? ¿Pobre de mil…?" Yo, esto se lo contaría, a alguien. Pero… ¿Cómo puedo confiar en alguien? ¡Como siga asi, yo solita, me voy a tener que volver loca!

     Me vine a casar, con un avestruz muy importante, guapo y seguro, porque en mi interior sabía que me protegería y me complementaria.
     Al principio, como yo soy bastante cálida, la luna de miel y algo más, fue un tiempo maravilloso. Pero ocurrió, que también me sentí anulada. Y, ese sentimiento de culpa, que yo siempre tengo, me hizo que las cosas fueran de mal en peor.
     Con mis hijos. Que les voy a contar. Si es que no se dejan proteger. Con la cantidad de peligros, que hay en éste mundo.
     Ahora, ya tengo una cosa clara y es: ¿Quién sabe lo que va a ocurrir?

     Bueno, mejor dejo que hable Adolfo. Pues, aunque los dos, hemos sido criados, en el mismo hogar y yo sé que él también tiene mucho miedo, en algunas cosas, se comporta de una forma tan distinta... ¡Yo no lo comprendo!

     Y, lo que tampoco yo comprendo, es el por qué, a mi hermana se le ocurre decir, que yo tengo miedo. Yo, que he conseguido volar y subir a las alturas. Yo que he vencido a todos mis compañeros de la escuela. Yo, que no tengo dudas. Yo, que tengo las ideas tan claras, que sé siempre lo que quiero. Yo, que demuestro mi valor constantemente.
     Cuando estábamos en la escuela me apunte al J.A.H. (Jóvenes Avestruces Heroicas). Y es, que por aquel entonces yo empecé a sentirme algo solo y el grupo me daba valor. De esto, me he venido a dar cuenta, hace poco tiempo.
     Desde chico, yo me parecía mucho, a mi papá y a mi mamá. Pero solo en el carácter. Aunque más que parecerme, lo que ocurrió fue, que “siempre traté de parecerme”. ¡Ser, tan fuerte, como ellos, tan seguro!
     Con papá, me llevaba regular. Pero mi mamá, quien me protegía mucho, porque yo era algo distinto, me decía: “Adolfito mío, serás el niño más fuerte y valiente de todos". Y yo pensaba, que mi madre tenía razón. Y se me ocurrieron mil aventuras para demostrarlo. "Porque, yo a ella, la quería tanto”. ”La necesitaba tanto…”
     Planeé sobre el abismo, antes de saber volar. Reté al lobo. Cabalgué sobre el toro. Y, con un metódico entrenamiento, conseguí sostener sobre mis espaldas, primero a mi hermana y luego hasta a cinco avestruces. Todos los compañeros fueron luchando contra mí y los fui venciendo uno a uno. Pero entonces ocurrió algo terrible: todos los amigos se fueron alejando y me dejaron solo y eso me hizo sentir mal.
     Me fui del colegio. Y como había aprendido a volar, me apunte a un grupo de paracaidistas. Y. luego a otro, de voluntarios por las causas perdidas: "Éramos muy valientes y destruíamos a todos los cobardes".
     Como soy muy cumplidor del deber, también llegué a ser capitán de la C.C.I. (Cruzada Contra los Infieles). E imité a todos los grandes héroes y a algunos supere. A veces, también pienso que, "he sido un elegido, por el destino, para las grandes causas".
     Yo, siempre estaba alerta, ante cualquier peligro, Y, como he estado muy preparado, he derrotado al que se me acercase, antes de darle tiempo a pensarlo.
     En la guerra, a la que me apunté, fui siempre en primera línea. Pero, ahí, también me sentí solo, pues los camaradas ligaban con las enfermeras y yo no me atrevía, ni siquiera a hablarles. Esto nunca lo dije, pero lo sentía y disimulaba: estando muy ocupado, haciendo nuevas gestas y hablando sólo de ellas.
     Todavía sigo sin comprender, cómo mi hermana puede decir que yo soy miedoso. Yo, que he practicado el puentin, la escalada libre, el salto al vacío y todos los más arraigados deportes.
     Aunque, sí hay una serie de cosas, en las que si nos parecemos, mi hermana y yo. Ella, a veces, me dice que yo soy un fanático y tal vez tenga razón. Pero ¡es que hay tantas cosas e ideas, por las que hay que serlo! Ella, también es una fanática, lo que pasa es que mi hermana, no lo demuestra abiertamente, como yo, pero sí lo es, en plan oculto.
     Y claro, es que ella, es tan ambivalente, en todo lo que piensa y de todo duda. Yo, en cambio, estoy tan seguro de mí, que me permito defender, cualquier postura y sitio en el que me encuentro. Que son bastantes, pues cambio a menudo. Ella, siempre tiene temor a equivocarse. Y es que desconfía de todo y de todos. Bueno, eso si creo que me pasa a mi también. ¡Es que la gente es tan mala! Y, que es por eso, que tenemos que estar los dos muy alertas. Que lo comentamos: "Fijate, me dice ella, la cantidad de atracos y crímenes que hay en el mundo, no sé a dónde vamos a llegar”. Y tiene razón. Y, le digo yo: "Si la gente, tuviese el sentido del deber que tenemos nosotros dos y fuesen tan controlados como somos, nada de eso ocurriría”. Y de eso charlamos mucho, porque coincidimos mucho.
     Es curioso, eso de nuestro súper-control. Yo, estoy controlado en todo: fisica y mentalmente; en cambio mi hermanita es más débil, su control solo es mental.

     Cuando me casé, las cosas no marcharon muy bien. A pesar de que yo soy muy leal, tanto como lo es también mi hermana. Que, por ahí, no podia haber motivos, Pero es que, la verdad, mi compañera, no cometia más que errores. En la casa, no mantenía el orden, que debe haber. "Yo, puedo tener un descuido, pero ella no". ¡Ella es la que debe cuidar del hogar!. Y, además va y me dice que soy, como mi hermana, muy paranoico.

     Y, las cosas no marchan. Y, es por esto, que mi hermana habló, de ir los dos a  visitar al Gran Aguila.






Cuento séptimo



     Hacia un día espléndido, en lo alto del acantilado, cuando yo acababa de picar el cascaron del huevo y piando llame a mi mamá, quién tardó mucho en acudir. Y, tardaba mucho, siempre en acudir a mis llamadas. Y, no es que no venía, a traerme la comida, que sí que venía, pero, me dejaba solo, casi todo el tiempo y eso, me fue haciendo sentir solo, desde el principio. No había más gaviotas, en el nido ni tan siguiera huevos. Pues, como luego me dijeron, había venido el halcón y se los había llevado, Y es que mamá siempre estaba volando y volando y volando…
     Con papá, que también volaba mucho Y, apenas lo veía y mejor hubiese sido no verlo, pues era muy rígido y solo pensaba en que yo debería volar y volar. "Porque era lo que debían hacer la gaviotas”, Yo, entre lo odiaba y lo imitaba, porque él era lo que yo debía ser realmente, un auténtico gaviota. Aunque, a quien yo más quería, era a mi mamá. "Era la gaviota más blanca, más rápida, más alegre, más cazadora, más, más, más".
     Yo, aprendia muy rápidamente y en pocos días, cuando apenas tenía las plumas grandes, me salí del nido y volé y volé. ¡Que sensación, todo el espacio era para mí! La verdad es que, me costó un poco dominar el asunto, la primera vez, pero si no se prueba, ¿cómo se sabe que puede ocurrir?
     Hablando de aprender. ¡Con que facilidad aprendía todo!. Aprendí a volar como el gran y majestuoso albatros, como el pacifico y amaestrable cormorán, aprendí el elegante vuelo del pelícano y hasta el de la rápida y nerviosa golondrina del mar. Y, podía pescar, como cualquier de ellos, con solo verlos. Y, es que desde muy pequeñito, era pero que muy observador.

     No me quiero salir del orden cronológico, pues muy fácilmente me enrollo y hablo de cualquier cosa y hay que ver con qué facilidad, me puedo ir de un tema a otro. Y llevar, también al que me escucha, al tema que yo quiero.
     Así que, volviendo a mi infancia: No fue muy feliz o al menos yo así lo creía. Era un pequeño "gaviota" que siempre estaba inquieto, yendo de un lado a otro y reclamando atenciones a mamá. Y ahora pienso, que también, dándole quebraderos de cabeza, pues no dejaba nada en su sitio: todo lo tenía que desarmar por ver cómo era y cómo funcionaba. Y, a mi papá, le fui tomando, miedo entre el amor y el respeto. Pero, ¡es que era tan rígido!.
     Con los compañeros, de la escuela, a la que me llevaron, para que aprendiese a ser una gaviota de provecho, siempre fui un poco tímido y retraído, no aprendía lo que me decían, si no, que como era tan buen observador, aprendía todo lo demás. Y, es que las cosas de memoria, no se me quedaban. En cambio todo lo que fuese discurrir...
     Tampoco comprendía, la disciplina y el orden, que los demás respetaban. Yo, ¡era y soy ordenado, pero a mi manera!
     A los compañeros y amigos, les agradaba, estar conmigo, por las cosas que contaba y porque siempre estaba dispuesto a ayudarles. Pero, entonces, tenía pocos amigos, porque me sentía tímido. Y, nunca jugué a juegos, en los que hubiese muchas gaviotas.
     Me fue gustando tener de todo, saber de todo y probarlo todo. Lo que me dio algunos sustos, pero parece ser que yo no escarmentaba.
     Y llegué a la edad, en que a los gaviotas, se les quitan las manchas pardas del plumaje. Y, todas las gaviotas que veía me atraían, aunque siempre me fijaba en las más atractivas. Y pronto busqué pareja. Y quise que me quisiera. Y ese querer, se repitió y se repitió. Y se repite y se repite. Y, no solo es en el amor, es también la necesidad de apreciación, de aprobación por lo demás. Y es, también, una necesidad de más de todo lo que sea. De todo lo que sea, sobre todo placer, o al menos placentero.
     Con la edad, fui aprendiendo, que la vida era un problema, si se le consideraba como tal. Y, que si hay problemas, pues son de los otros. Y, ello lo resolvía, con mi inteligencia, que se fue desarrollando y agilizando.
     Aunque, sí que me buscaba problemas. Y, parece ser que, uno tras el otro. No solo me voy en palabras, sino que, también, en ensueños, ideas y proyectos fascinantes, que me hacen dar con el culo en tierra, más de una vez.
     Mi inquietud por aprender, por conocerlo todo, por saberlo todo, ha sido continua: Pero enfocada a la satisfacción del propio descubrir. Mi diferencia, con otras aves, es que yo soy incapaz de no pensar. Y ya que, como gaviota, que soy, el volar es natural, yo he aprendido a bucear, a andar y hasta a bailar. Cosas, que las otras gaviotas, tal vez no hagan, pero yo sí.
     Los amigos, me querían (aunque yo necesitaba tenerlos). Porque siempre estaba dispuesto a ayudarles y cualquier pescado que cogía era para ellos, con solo notar que lo deseaban. Y, es que, podía llegar a ser pródigo.
     En las fiestas, como anfitrión y no solo en las que yo organizaba, lo hacía muy bien. Y me divertía y era el gran animador, aunque soy bastante tímido. Y aunque no lo parezca así es. Yo les digo a mis amigos, “que soy muy tímido, lo que pasa es que, algunas veces lo disimulo”. Y, las otras aves, no me creen. Claro, que lo que ocurre es, que no todas, me conocen muy bien. Y, de eso, yo me encargo.
     Y, también ocurria que, me ponia a analizar a la gente y eso parece que a bastantes no les gustaba mucho, aunque a mi si. Y, con la facilidad, con que yo, descubría, lo que ellos no querían saber, les hacia enfadar. Porque nadie quiere realmente conocerse.
     Con mi pareja y mis polluelos, a veces me enfado y soy gritón, como gaviota que soy. Pero pronto se me pasa y es como si nada hubiese ocurrido. Y, es que los enfados o los olvido o los convierto en humor.
     Y, en el humor, también soy bastante fino y hasta hiriente, ya que como antes decia, el descubrir fécilmente los secretos de los demás, me hace poder usarlos y poder reírme de ellos y con ello. Y, también me rio de mí, con los míos y sobre todo antes de que el otro pueda hacerlo.
      Y ahora en plan confesional: "Lo que me engancha es la gente que se emociona". Y, ¡es que me cuesta tanto, conectar con mis emociones! Las emociones desagradables y la tristeza, no me gustan, ni las soporto. Lo que me hace eludirlas, aunque sea, con la sonrisa.
     Me cuesta, también, pedir directamente algún pez que necesite a otra gaviota. Y, entonces, lo que hago es, persuadirla para que salga de ella el entregármelo. “Puedo persuadir, a cualquier ave, de cualquier cosa". Y, me dicen ellas, que también me persuado a mí mismo.
      Del poder paso. Y, de él del acantilado, no me gusta tenerlo, eso se lo dejo para “otros pájaros”, pero si puedo ser un oculto consejero y eso me gusta.

     Cuando hablo con otras aves me dicen que yo soy un tragón. Y no es cierto. Yo puedo comer cualquier cosa: como peces chicos y más grandes, cangrejos, pequeños mamíferos, vertidos y hasta carroña si es preciso; pero prefiero un buen salmonete o unos buenos camarones. En esto, también soy un sibarita, como en lo demás. Lo cierto es que tengo gula: gula de placer, de sensaciones agradables, de sensaciones distintas, de ayudar, de amigos, de experiencias, de conocimiento.
Hablando también, el otro día, con otra gaviota, que se me  parecía muchísimo, me di cuenta de, que es lo que me ocurre, que es lo que falla. Y, es que por ese tanto querer, saber de todo, practicarlo todo, conocerlo todo, al final se convierte en inconstancia. Es también, que el estar tan enamorado, de lo que está por delante, “el amor por lo que hay delante, del día de hoy, entra en conflicto con el amor del día de ayer”.

     Y, es ahora, mi gula del conocimiento, lo que me hace ir, a conocer al Viejo Águila. Que según me han dicho sabe más por viejo que por águila, aunque yo me pregunto, ¿Cómo es que llego a tan Viejo?





Cuento octavo



 
   Era el día de Noche-buena. ¿Sabéis? El árbol,  estaba adornado, con sus bolas de cristal de distintos colores, sus manzanitas rojas, sus papelitos de colores y sus bombillitas de luz, que se encendían y se apagaban. Todas esas chorradas, que habían preparado los humanos, en el árbol de su jardín. Y, que teníamos en común, ya que también, era nuestro hogar. Pues, como sabréis, los humanos son unos animales, que viven en cierta compañía, con nosotros los mirlos.

     Estábamos en él, todos tan felices. Mi mamá, con mis hermanitos y yo; esperando que llegase mi padre, con los regalos y así todos juntos celebrar esta fiesta, que es tan familiar y que debería ser de amor. Y digo debería, porque esperamos y esperamos; y mi padre, no aparecía. Y, mi madre, que era joven y romántica, decía: "Ya no tardará en venir. Será, que hay mucha circulación. Será, que está buscando, algún regalo, que se le ha olvidado". Y lo disculpaba. Y, como pasaba el tiempo, ya no sabía que decirnos. Mis hermanos, que eran más pequeños, no se daban cuenta, pero yo, que ya tenía algo más de edad, sí que me fui dando cuenta, del sufrimiento de mi mamá y de sus lágrimas, que trataba de ocultar. Y, es que, a mi padre no solo, se le había olvidado algún regalo, sino que se le olvido venir. Y no llego.

     Y, mi mamá, lo paso muy mal. Y, a causa de eso, se puso enferma. Y, no solo fue, porque no llego, aquella noche, tan especial; sino que él no regresó jamás. Aquella noche, yo me prometí, que me vengaría, de cuanto le había, hecho sufrir, a mi mamá y a todos nosotros.
     Después, y pasado un poco de tiempo. Me enteré, que se había marchado, con otra mirla, más joven. Y esto, a mi mamá, que también se enteró, le hizo sufrir, también mucho y ser muy desgraciada. Porque, hasta entonces, ella pensaba que él, habría tenido un accidente. Y, el pensar, que es que, había sido despechada, le sentó todavía peor.
     Como él se llevó, la llave de la despensa; que no fue así literalmente, porque los mirlos, no tenemos despensa, como los humanos o las urracas. Pero hasta entonces como él era, el que buscaba el alimento, fue algo parecido. Ocurrió que mi mamá no estaba acostumbrada, porque venía de una "familia bien" y hasta que se acostumbró a trabajar, le costó mucho y además con sus enfermedades, que ya he nombrado, poco era lo que conseguíamos. Así, que yo, que era el mayor, tuve que trabajar desde muy pequeño, para sacar a la familia, de la pobreza, en la que a partir de aquella noche, cruentamente fuimos a caer.
     Mi carácter se fue endureciendo y me hice mayor muy rápidamente. En la escuela nocturna a la que asistía, porque durante el día trabajaba, ya me empecé a pelear con los compañeros. Y, aunque yo, era más pequeño, de edad y de estatura, no me faltaba el coraje y a todos les podía y los tenía a raya, con mis picotazos y golpes.
     ¡Yo no lloro, yo me enfado! Y, me convertí, en el más temido de todos. Recuerdo que inclusive, cuando íbamos en grupo, a alguna otra zona, si alguien se metía con alguno de mis compañeros, yo iba y le ajustaba las cuentas, al posible enemigo, dejándolo hecho Un Cristo. Y, al compañero, que se había dejado pegar, también le zurraba, yo después, para que se fuese espabilado, porque no me gustan las personas débiles. Los otros mirlos me decían: ¿No te da pena, después de lo que le han hecho, como lo has dejado tú? Y, la verdad es que yo, no siento pena, ni siento compasión, ni todas esas zarandajas, que no son más que tonterías.

     Estos comportamientos, se fueron, con el tiempo agrandando y fortaleciendo, a la vez que yo. Y cuando, apenas era un mozalbete, ya era en el barrio él que mandaba en las pandillas. Y, decidía que íbamos a hacer: cuales eran las macetas que íbamos a escarbar y en que puesto de fruta, cogeríamos las cerezas u otra fruta. Que yo, nunca he pensado, que eso sea robar. Porque, ello implicaría, que es una falta, o algo que no se debe hacer. Y, como consecuencia, podría producir culpabilidad. Y yo, no me siento culpable, de nada de lo que hago, física ni verbalmente. Y, no digo moral, porque eso es algo, de lo que paso. La moral, de los demás, es algo que ellos tienen y así les va.
     Una vez, que me cambie de barrio, cuando llegue, parece que allí había otro “pájaro”, que era el que mandaba, o al menos a quien todos obedecían. Y, cuando me vio, a los pocos días, me dijo que yo podría ser su lugar-teniente. Le dije, que bueno, que ya veríamos. Y pasados unos días, cuando supe de que iba el rollo, en aquel lugar, le di tal repaso que, el que se quedó, de lugar teniente fue él. Y, ¡además se le veía, hasta contento, al muy cabrón! Y, es que no me va, el ser figura de segundo plano. Y si es necesario, imponerme para cambiarlo, pues me impongo y ya está.

     En el trabajo, yo no era paciente, ni tenía auto-control, como me decían, los jefes, que debía tener. Y como, tampoco soy de muchas palabras, ni me gustan las verbalizaciones, pues me fue bastante mal, las más de las veces. Aumentado, esto también, con que siento verdadero placer, en chocar con los demás. Por lo que tuve muchos empleos. Inclusive, me metí en política y aquello, si se me daba bastante bien. Lo que pasó fue que, también detesto la dependencia y allí era El Partido, que ya existía, el que decía lo que se debía hacer. Y de eso nada de nada.
     Soy de naturaleza activa. Y, los cambios, no me producían verdaderos problemas. "Es extremadamente difícil, que alguien o algo logre dominarme en la vida".
     Mis cantos, que son de lo más musicales e insuperables, en riqueza de melodías, eran la afirmación de mi estatus.

     Y fue pasando el tiempo y todo el mundo estaba pendiente de mí: unos, porque me temían, más que los otros, otros porque me admiraban, otros porque estando cerca de mí, se sentían protegidos. Aunque yo no trataba de protegerlos en verdad.
     Y, también lo estaban, “las del otro signo”, porque yo, era tan ardiente y fogoso, que veían en mí, a un verdadero "macho". Y, es que yo, como todo lo hago en intensidad, la sexualidad, también es algo, que he desarrollado muchísimo. Fui el más macho más potente  de todos. Y las fiestas y orgias que me montaba eran de cine. Porque mi sexualidad es “Súper”. Y, para el placer, no tengo límites, ni tabúes, ni control.
      Eso del control, es algo curioso. Yo lo asocio un poco con la consciencia. Normalmente, yo estoy inconsciente y de esa forma me siento feliz. Y, hago todo lo que hago y no pasa nada. ¡Nunca pasa realmente nada! Pero, cuando soy consciente, me ocurre que, empiezo a sufrir, a sentirme mal y entonces lo que hago es decirme: “Don Vito, tu no estas hecho para sufrir”; que me llamo Victorino, pero me dicen Don Vito. “Don Vito, tú no puedes ser débil, el mundo es de los fuertes”. Y, rápidamente, se me ocurre alguna hazaña, para demostrarme, lo valiente que soy, lo fuerte, lo insensible.

     Me jode mucho, cuando viene algún amigo, en plan tierno o delicado. Porque como yo, soy “muy macho”, yo a los maricas, no los soporto. Eso me hace poner de mal carácter. Lo que no quita que dé “a pelo y a lana”, pero siempre dominando. 
     Me gusta mucho, el contacto físico. Y es el placer, el único fin de mi vida. Pero es que no me gusta tampoco el detalle, la suavidad, el que me toquen y me acaricien con delicadeza, amorosamente. A mí, lo que me llena es, la pasión, desenfrenada. Y la posesión. ¡Soy rudo, lo sé. Pero así, me va bien!.
     Estuve, apuntado un tiempo, como guerrillero contra el poder. Y es que, al poder establecido, hay que destruirlo. Y, tampoco me gusta, la religión.
     Ellos no tienen, más que normas y esas normas que dictan, deberían ser todas al revés. ¡Bueno que ellos las tengan!, que yo tengo las mías propias y por ellas me rijo y me importa un carajo, lo que ellos piensen.
     Lo que pienso yo, es que mucho, de lo que la sociedad define como "malo", no es así y por el contrario, lo que son, se puede definir como, “valores positivos, no reconocidos”. También, yo tengo mi razón, que es "La Razón” y la hago valer. Y lo hago sin pensarlo. Como hago todo, lo que me pasa por la cabeza, en cualquier momento, aunque algunas, de estas reacciones impulsivas, luego me den algunos quebraderos o dificultades.
      A, menudo hago cosas, que sé, que son peligrosas, por el solo gusto de hacerlas. Me gusta el riesgo y las situaciones de alta intensidad. Esto se lo dije yo así, a un amigo y él me pregunto: “¿Entonces tu no reflexionas?”. Yo le conteste: Cuando yo hago algo, primero lo hago. Y, después, tal vez reflexione. Y, él me dijo: “Aunque no es ciertamente así, como lo has dado a entender. Dices, que primero haces las cosas, porque te apetece y que luego reflexionas. Entonces... Le corte, diciéndole: ¡Bueno, qué más da! Y lo mande “a tomar por el culo”.
     Y es que, generalmente hablo claro, con los demás: le digo al pan, pan y al vino, vino. No me gustan las cosas retorcidas. Yo, no me escondo, detrás de palabras, ni detrás de nada, ni de nadie y no creo tampoco en las pretensiones.

     Con los amigos, la realidad, si me vienen por derecho, me doy sin límites y puedo ser muy generoso con ellos, pero a cambio les exijo ser aceptado sin límites. ¡Yo soy así!  Y, ¡esto, es lo que hay!  Ahora, como alguno me gaste alguna mala jugada o alguien me haga algo, soy vengativo y ese me la paga con creces. Y soy también bastante sádico y les puedo hacer sufrir también sin límites.
     No tengo excesiva dificultad en expresar mis sentimientos, creo que soy bastante desinhibido.  Aunque no me gusta sentirme frustrado. Quiero hacer y hago lo que me gusta y lo que me da la gana. Así que, cueste lo que cueste, siempre busco realizar mis propósitos. Y, para lograrlo, puedo lo mismo mentir, que ser despiadado. ¡Vivimos en un mundo hostil y si queremos sobrevivir, no se pueden tener demasiados escrúpulos!

     Todo esto, lo estoy escribiendo, porque tuve un problemilla con la justicia y he estado unos días de “vacaciones”. Y, allí con un psicólogo, que tenían, me hice amigo y charlábamos mucho. Y él, que decía que era gestaltista, me dijo que, debería hacer algo de terapia. Que, yo sé que “no la necesito, ni creo en esas cosas”. Y, la verdad es, que después, de las charlas, yo no sé, que coño pasó, pero algo en el fondo se me ha removido. Y, hace unos días, después de salir; porque hemos seguido siendo buenos amigos; me ha vuelto a recomendar que, sería interesante que fuese a unos grupos de terapia. Y me he decidido.
     ¡Y, aquí estoy, en este grupo!  Aunque, a mí no me interesa, lo que los demás puedan pensar de mí, pero me gusta seducirlos con “mi seguridad”.





Cuento noveno



     Estaba un día, mamá búho, en su nido y como era muy joven, sólo había puesto un huevo. Y, le pareció, la cosa más maravillosa del mundo y como ella había vivido siempre sola, sin más hermanos, no se lo ocurrió poner más y se puso a encubarlo muy cuidadosamente.
     Días después nací yo y mi madre me puso de nombre Manolo. Mi madre era una madre muy buena, no paraba de alimentarme, desde la mañana a la noche. Me decía: "Come, come que es por tu bien”, "si comes te quiero” y más cosas así, como: "si no me comes mamá se enfadará”. Y yo comía y comía y comía. Y, me fue engordando y engordando. Y ella, estaba muy satisfecha y me enseñaba a sus vecinas y decía: "Mirad que hijo más gordo tengo. Está más gordo que los vuestros”. Y eso le hacía sentirse muy dichosa. "Manolo, mi Manolo, llegara a ser, el búho más fuerte del mundo”.
     Era tan buena, que me agobiaba, con sus atenciones, cuidados y protección. Y pronto me puse más gordo que ella. Y, ella reía, satisfechísima y me seguía dando de comer y dando de comer y haciéndome cosas. Antes, de que fuese a abrir el pico, ya tenía, otro ratón en él. Y yo, tragaba y tragaba. Fui engordando mucho y haciéndome muy resignado, tranquilo y obediente. Siempre hacia lo que ella quería. Y, también me acostumbré, a hacer lo que querían los demás.
     Cuando fui al colegio, yo ya estaba, tan acostumbrado a obedecer, que me juntaba siempre, con compañeros, que me decían que hacer. Me gustaba pertenecer a los grupos más grandes: Fui del equipo de fútbol, del coro… Y, siempre estaba dispuesto, para cumplir, todos los encargos que, me hacían los demás. Era como el chico de los recados.
     Nunca me pelee con nadie. Y, siempre obedecía, aunque no me gustase hacer lo que me mandasen. Vivía, para el hacer el gusto a los demás y como una carga, pero yo siempre, estaba rápido, a obedecer. Era todo, como una obligación para mí. "Manolo tráenos esto, Manolo tráenos aquello". Y, yo siempre, les hacia el encargo. Ellos me utilizaban. Y me querían por eso. Y, a mí, a la vez que me gustaba, me hacía sentir confuso. Y, también, estaba confuso, porque me costaba mucho, aprender las cosas. Pero, como no tenía, tiempo de pensar, porque, todo el día estaba, entre hacer los encargos y ordenar la clase y poner orden, en los pupitres de los compañeros y colocar bien los abrigos. Y, hasta el cajón del profesor se lo ordenaba yo.

     Cuando, termine en mis estudios y me tuve que enfrentar a la vida, lo que me dio mucho miedo. Se me resolvió yéndome a cazar y en el árbol, que los demás me dijeron. Que no era muy bueno, porque allí no había apenas ratones. Pero, no sabéis cuanto miedo, me daba a mí, el tener que elegir y decidir. Y, sobre todo, yo no me quería, enfrentar con los otros búhos, por un árbol mejor situado. Pues aunque yo era más grande que ellos, porque mi querida mamá, me alimentó muy bien, yo no quería que dijesen de mi algo malo y que me pudiesen criticar. Ya que la opinión  de los demás y lo que pudiesen decir de mí, me era muy importante. Que dijesen, que no había sido obediente, que no era eficaz o que no hacia bien las cosas. Eso era, sobre todo, lo que más me molestaba. Pues yo me esforzaba muchísimo, en que las cosas estuviesen muy bien hechas. "Todo tiene que estar bien hecho", pensaba siempre yo. También, el haberme peleado, por otro árbol mejor, hubiese dado lugar, a que todos se enterasen. Y yo, más que nada, procuraba pasar desapercibido todo el tiempo. No me gustaba que los demás notasen mi existencia. La opinión ajena me importa mucho, ¡muchísimo!, porque yo, también estoy pendiente de saber, que hacen los demás. Soy muy de sociedad. Siempre les llevo sus vidas y de todo tengo que enterarme, y claro…
     Yo estaba allí y era muy útil a todos. Y, procuraba hacer las cosas muy bien, también para que me quisiesen.
     Además, me sentía tímido. Era muy grande, pero muy tímido. Pero yo me veía muy pequeño.
     Una vez, me junte con unos amigos, que eran muy divertidos. Y lo pasábamos muy bien, Y yo, me sentía feliz. Porque siempre íbamos de fiestas. Y, comíamos unas bayas, que tenían un zumo, como si fuese alcohol y que nos ponían, muy contentos. Y hacíamos tonterías, al principio y después nos dormíamos. A mí, me gustaba, porque lo hacían los demás. Y, también porque cuando estaba así, no podía pensar. Y, esto es lo que más me cuesta de todo. Sobre todo, el tener pensamientos, sobre mí, y el tener pensamientos largos, porque me da mucho miedo. Tal es que, generalmente me encuentro ocupado haciendo cosas. Y casi siempre para los demás: Yo les cazo ratones, les limpio el nido, les barro toda la base del árbol, y los espulgo cuidadosamente, hasta cuando ellos no quieren. Tardando siempre mucho tiempo en todo.
     Cuando alguien, se enfadaba conmigo, eso a mí, no me gusta. Pero, yo no muestro, mi disgusto. Ni, tampoco yo me enfado, con los demás, aunque me hagan una mala jugada. Lo que más que hago, es serles indiferente.

     Y, llego el tiempo de casarme. Y, lo hice, con una búho, que los demás me eligieron. Porque siempre hago lo que los demás quieren.
     Y mi árbol y mi nido, estuvieron siempre muy limpios y ordenados. Mis hijos, siempre, fueron los búhos, más limpios que había en el bosque. Pues, aunque ellos protestaban, yo les limpiaba las orejas y las plumas constantemente. Yo, estaba, siempre pendiente, hasta del último detalle. Y les daba de comer también mucho, como mi mamá hizo conmigo. Ya que yo “soy muy seguidor de costumbres”.

     Todo, me parecía que marchaba bien. Pero algo no debía de ser así. Ya que uno de mis amigos, me dijo que debía ir a visitar al Gran Águila. Porque, parece ser que había problemas. Y, aunque, yo no me daba cuenta, los demás sí. Y sobre todo mis hijos. Y, porque a mí, me pasaban cosas que yo, no me sabía explicar: Me arrancaba las plumas, sin saber la causa. Tenía, gran cantidad de dolores, enfermedades, tic musculares, adicciones y que los médicos, me decían que eran de nervios. Y, por ello, me mandaban cantidad de sustancias, que me atontaban. Y eso, sí que me gustaba y las tomaba casi a diario. Pero, lo que no comprendo, es que sean los nervios. Si “yo soy muy tranquilo y me muestro muy contento”.
También intente varias veces tirarme de cabeza desde el árbol, a ver si me reventaba. Y, comí frutos, de esos que, todos sabíamos que, no se deben comer. Pero, es que yo quería vengarme y claro, yo nunca lo hacía directamente. No era capaz, de enfrentarme directamente, a lo que me imaginaba que me hacían. Aunque yo, cuando hablo con los demás, soy muy confrontativo y casi siempre estoy en la oposición. “Ésta incongruencia tampoco la entiendo”.
     Cuanta contradicción en mi vida. Siempre estoy de buen humor, siempre tan pacífico y sin mostrar mi rabia, que es mucha, pero que procuro no darme cuenta. ¡Para qué!, pienso yo. Porque eso, estas cosas, tampoco se las cuento a nadie. “Es mejor no contar lo que siento”. Ya, que yo, que ando tan distraído, casi con cualquier cosa,  es poco de lo que me doy cuenta.  Que bien se vive, en éste estado de anestesia, de soñolencia, ¿para que crearme más problemas, pensando?”, ¡digo yo!                    

   Y, es por esto, que ahora les estoy contando mi historia. Porque el Águila, el primer día, me indico que la llevase escrita, en pocas palabras. Y, "yo soy muy obediente".






NUEVE CUENTOS Y UNA HISTORIA 


Y LA HISTORIA , segunda parte.




     Estaba un día La Gran Madre Naturaleza, algo aburrida y como no sabía qué hacer, se puso a pensar y se le ocurrió leer unos viejos cuentos, muy antiguos, que tenía guardados, en el desván de los recuerdos. Y en los que aparecían una serie de animales, muy característicos, que contaban le su historia.
     Y como, se dio cuenta que, los animales, tenían muchos problemas y no eran muy felices. Ni corta ni perezosa y con la fuerza de su magia, los reunió a todos en una granja, en la que había muchas plantas, agua, buena tierra y cantidad de alimentos, para que se pudiese saciar, cuanto quisiesen, sin mayores problemas.
     El sol, brillaba espléndido y en la noche la luna, aunque alumbraba, en sus ciclos, también prodigaba sus influjos.

     Allá ordeno, al Águila que fuese también y que con su conocimiento presidiese la reunión y con ello también ayudase a que se descubriese, cada uno como era: lo que tenía y lo que le faltaba, para poder salir de la situación que tan mal les hacía estar. En realidad, esto a ella, no le ocasionaba ningún problema pero, por seguro que, le había cogido en uno de esos días tontos, como se dice, que todos tenemos. Y, entonces, aprovechando también, quiso probar, hasta donde esos animales eran capaces de llegar a su acercamiento.

     Pudo haber elegido muchas más clases de animales, pero eligió sólo aves, porque éstas ya habían tenido "voluntad" para volar,  aunque sus motivos fuesen distintos. Esto era, el primer paso necesario, para poder salir y subir.
Lo que si congregó, fue gran cantidad de animales, como éstos y no sólo los nueve protagonistas.

     Y el día, que se juntaron todos, como habían venido desde los sitios más diversos y no se conocían, se mostraron mayormente muy tímidos, porque no sabían de qué iba la cosa, ni a quien encontrarían. Aunque algunos, sí que trataron rápidamente de llamar la atención, otros se las dieron de seguros y otros se mostraron lo tímidos que eran, e incluso hubo de quienes parecía que ni siquiera allí se encontraba.

     El Águila comenzó contándoles un poco su historia. Y, que hacía tiempo, que él andaba volando por las alturas. Y como, en particular, antes había sido urraca, que luego llego a colocarse cómo gaviota y también como mirlo, aunque esto le costó más trabajo. Que estos eran pasos precisos, por ser ley de todas las cosas, aunque no son los mismos para cada ave. Y, como, después, la Madre Naturaleza le concedía ser águila, que era el "Cuarto Camino" a andar. Y, como ese llegar a "ser Águila", a cada uno, nos lo puede conceder, si andamos los pasos necesarios. Que ésta, es una facultad, que solo tienen, éstos seres vivos. Que es un estado superior de consciencia, al cual solo se consigue llegar, a través del propio esfuerzo personal. Y, que "ser águila", era una capacidad personal y esto no quería decir que su función, tuviese después, que ser la misma para todos.
     Les dijo, que como a él, se lo habían contado, otras águilas más viejas, él se lo iba a contar. Que eran unas enseñanzas, que venían desde los tiempos del olvido. Y, que él, las había aprovechado, uniendo la llamada "Terapia Transpersonal” con la "Terapia Gestalt". La que se entendía que, tenía su enfoque, dentro de las "Terapias Humanistas” y en la línea de las llamadas "Existencialistas". Y, también les dijo, que con esta última definición, él no estaba muy de acuerdo.
     Que un águila, que conocía, entre sus enseñanzas le había dado algo muy importante, cuyo nombre era "El Protoanálisis". Y que éste lo designaba como: "La comprensión vivencial y teórica de la personalidad, (o ego de uno mismo), a la luz de las ideas psicológicas del Cuarto Camino". Que, otra águila, más vieja, llamado Gurdjieff, había sido su maestro, ya en nuestra época. Y, que éste, había sido a su vez discípulo de otro águila más viejo, etc., etc.
     Les dijo, que la personalidad, no es algo con lo que se nace, sino que es el conjunto de respuestas, que los animales dan al principio, como defensa de ellos mismos, en las situaciones de sus infancias respectivas. Y que, el problema surgía, cuando estas respuestas, se hacían fijas e inamovibles, impidiendo cualquier posibilidad de vuelos. Y que, a ésta situación, se le llamaba "neurosis".
     Les aclaró, también, que “el ego”, que antes había nombrado (nuestra identidad aparente), no es diferente a lo llamado "carácter". Y, que éste, es una estructura, basada en una inconsciencia activa, cuya rigidez nacía como, una respuesta de emergencia, a los sufrimientos de la niñez Y que, a su vez, perpetúa el sufrimiento y la inconsciencia.
      Les dijo, que en éstas enseñanzas, "El proceso, de trascendencia del ego, es el principal objetivo”. Y, que se entiende, como un desapego de las pasiones. Y de las "fijaciones" (suposiciones erróneas a cerca de la realidad). Y, que se le considera, no como una liberación, desde el instinto, sino del instinto. De nodo que, en el proceso de maduración, el estado “ligado” o egóico de los instintos (contaminado por las pasiones), es reemplazado por un estado libre y no contaminado.
     Que esas, "fijaciones" de los animales, su maestro le había dicho, que no eran otra cosa que el "Rasgo Principal”. Y lo explicó diciendo: Que mientras aún todos tenemos incorporadas las nueve pasiones, que son llamadas: La Ira, el Orgullo, la Vanidad  (o la Mentira,) la Envidia, la Avaricia, el Miedo (o la Duda), la Gula, la Lujuria, y la Pereza.  Nuestra psiquis es, como un sólido de nueve caras, que descansa en una u otra, de esas caras particulares, la cual se presenta como la fundamental del individuo.
      Que estos rasgos se pueden representar dentro del contexto del "Eneagrama", el cual, a su vez, es representado por este dibujo que les hizo. En el que se ven los mueve rasgos y las líneas que los correlacionan.


EL ENEAGRAMA
     Que esto es, un trabajo para el crecimiento personal y para llevar a casa. Porque todo estos “NUEVE CUENTOS Y UNA HISTORIA”, en la que estamos, y su "análisis", es el principio del mismo, Y, que en él, hay que tomar el tiempo que tome. Que, el trabajo se hace, a través de la auto-observación. Que es muy importante esa observación a nivel emocional. Y que a veces es importante, de buenas a primeras, el darse cuenta cuando, uno no se da cuenta. Que cuando a uno le preguntan. ¿Cuál es tu carácter? y uno no se da cuenta, por ejemplo, que es un ave orgullosa, o que es una gaviota golosa, o lo que sea. Eso puede ser un estímulo adicional, para después interesarse por esa consciencia cotidiana, que se recomienda, para ir viendo los problemas de cada día. Las emociones negativas, de cada día, a la luz de esta idea relativamente novedosa.
     Les dijo también, que ésta es la parte más fácil: Es la descripción de los caracteres a través de las conductas, las formas más visibles.

     "Las emociones y las pasiones no son visibles". Y qué, cómo cada uno, como el pez en el agua, que no ve el agua, en que se mueve, no sabe, no tiene punto de referencia. ¿Soy orgulloso, no soy orgulloso?, ¿soy más orgulloso que el común de la gente o no? A uno el orgullo le es demasiado conocido, si es orgulloso, como para decir "soy orgulloso".
Incluso, eso le pasa a uno, con respecto a otra gente. Siguió diciendo. Y les contó, que él habí­a tenido una madre muy dominante y que todo el mundo cuando él era joven le decí­an — "Pero que madre más fuerte tienes”. —Y, que él entonces, no la encontraba fuerte. Y, que solo mucho después, se vino a dar cuenta como estaba aplastado. Porque a él le parecía muy normal el carácter de su madre.
     Les contó también, que otra águila más vieja, que conocía decía, que hay tres posiciones ante el mundo: Una posición de lucha, en que uno se sobrepone a los otros, en el conflicto con los otros domina. Y, lo llamaba “la solución de la maestría". Esto serían, los caracteres 8, 3 y l, “caracteres fuertes”. "La solución de la modestia", que es la solución de ir hacia el mundo en una actitud de pedir, o de seducir. Para, que a uno le den, lo que necesita. Como en el carácter 4 y el 9, por ejemplo. Pero en el 5, el conflicto en esas cosas, "no va ni en contra ni hacia". Ni se acerca al otro amorosamente, ni se acerca agresivamente. Simplemente no se acerca. Y, entre la agresión y la ternura, se queda en un impasse. Como paralizado. Se aleja de la vida psí­quica. Se aleja del otro. Se aleja incluso de sí mismo. Este sería el carácter llamado también esquizoide. Es el carácter más grave. Es como uno que no está, que no vive, que no siente, que no se conoce. Pero esto, no quería decir que no hubiese "cincos", que no hubiesen llegado, a ser grandes personajes importantes.
     Pero, les aclaró también que, en éstas enseñanzas, no se consideran caracteres mejores, ni peores, que todos están a igual distancia del centro. Y, que esto, no quiere decir, que el trabajo de terapia, deba ser igual, ni que sean iguales en su dificultad.

     Les contó también, que él había sido discípulo además, de otro viejo águila, que fue muy importante, porque había sido el creador de la Terapia Gestalt, o más bien el que la adaptó, a los tiempos presentes, porque ésta ya existía en tiempos inmemoriales. Que la Gestalt es algo vivo y que está en la vanguardia de las psicoterapias actuales. Que está basada en el "autodescubrimiento", en “la consciencia” y en la "autorregulación orgásmica”. Que, éste era, el único término científico que usaba el viejo águila llamado Fritz Perls, su maestro. Quien, por haber sido en un principio un Mirlo, o sea del rasgo de la Lujuria, no era muy dado a entrar en convencionalismos. Que, ésta autorregulación orgásmica, él creía que, era la manera, que el viejo águila Perls, tenía de decir “Tao”.
      Y les siguió explicando que el Tao: Es un término chino que implica, una fe de que el universo se autorregula. De que, no tenemos nosotros, con nuestra pequeña mente, estar manipulando tanto nuestro organismo y nuestra mente. Y, que podemos confiar, en una autorregulación, más sabia que nosotros mismos.
     Que en la "situación gestáltica" las cosas inconclusas, reclaman atención. Y entonces uno, no tiene que hacer la lista, de esas cosas inconclusas. Ellas, con su propia carga van a venir: lo que es problemático, lo que necesita ser digerido, lo que necesita ser mirado. Entonces, se puede decir, que dejar al organismo hacer su cosa. Que ir con el Tao es sanador. También lo es, en que uno, esa cosa, que viene a la consciencia, uno la está mirando desde una posición, un poco más sana, de que cuando está frente a otro en la vida, en la situación problemática y preso de sus rasgos de carácter condicionado. Como, que es una situación, un poco privilegiada de estar, con una actitud allí, de mirar. En una actitud un poco, en la meditación.

     Y, les habló también, de la meditación y les enseñó sus distintas formas. Y que la meditación, es el modo más directo, en que la mente puede trabajar, sobre la mente, más allá del contenido; Involucra un cambio de actitud. Y, que la Gestalt, está llena de eso, en la forma más creativa.
Y, que hay tantos puntos de contacto, entre la terapia gestáltica y la meditación, que se podría decir que, "la terapia gestáltica es meditación en un contexto interpersonal”. También, que como elementos en común tienen: Que la Gestalt es un entrenamiento en la toma de consciencia. Y, que un componente fundamental de la meditación, es el cultivo de la capacidad de percatarse.
Y les habló, también de muchas más cosas. Y de la relación de la Gestalt con el Zen.

     Y, más tarde, habiendo escuchado todas muy atentas las sabias enseñanzas, cada una le fue presentando su cuento. Que son los nueve cuentos anteriores a ésta historia. Y entonces, él les indicó que, se fueran colocando por grupos. Que también fueron nueve. Y, que coincidieron con los nueve rasgos, que ya os he referido. Y, que no importaba el sexo para pertenecer a uno u otro de esos rasgos. Que lo dijo, por si habí­a alguien, que se hubiese identificado, debido a esto, con los personajes de los cuentos. Aunque sí aclaró, que en el rasgo cuatro solía haber generalmente mujeres. Posiblemente, habría más individuos, del rasgo seis y no habría casi nadie del ocho, porque los de este rasgo, no suelen acudir a terapias normalmente; Aunque algunos, si lo hacen a las de la Gestalt. Y en todo acertó, como luego se pudo comprobar. Y, en cada grupo, las aves que ya sabían cómo eran, hablaban y las demás escuchaban y se iban identificando, porque ellas también eran iguales. Y había, quienes no sabían en que grupo se debían incluir. Unas porque dudaban y tenían miedo; otras porque no querían mirar hacia dentro, porque les costaba bastante trabajo; otras porque su vanidad o su orgullo le impedían ver sus defectos. Y otras lo tenían bastante claro. Y en aquellos días, casi todas las aves que estaban, se fueron transformando en aves más voladoras. Y, fueron descubriendo, como pertenecían a uno de esos grupos y fueron tomando consciencia de ello. Y de sí mismas. Y esto les fue dando posibilidad para poder volar más. Y, sus vuelos, fueron cortos y tímidos, al principio, pero muy emocionantes. Y después se fueron alargando en duración y contenido.

     Esta historia, podría habérosla contado el águila, pero como está tan ocupado, cumpliendo su misión, yendo de un sitio para otro como “judío errante”, no tiene tiempo. Así que, soy yo el que os la cuenta. Que, también, para contar historias soy muy bueno. Y como, para todo tengo justificaciones, os diré que lo hago de esta forma, porque, aunque había muchas aves, que podían haber ido hablando y contando, cada una lo que le sucedía, no lo he querido reflejar así, ya que por ser historia debe tener un narrador. ¡Ah!, recuerdo que en el grupo de gaviotas, estaba también una que se llamaba Juan Salvador.
Y. ¿A que ya os habéis dado cuenta, de que soy una gaviota?

     Cuando salí de allí, mis vuelos se me habían afianzado en su propia seguridad, que no era otra que, el propio conocimiento adquirido, en tan corto periodo y en tan magistral entorno. Y dirigí mi rumbo, hacia las tierras más cálidas del sur, donde estaba mi acantilado, mis congéneres y mi zona de pesca, de donde subsistía habitualmente.
     En mi hábitat común, me vine a encontrar con otra pequeña gaviota, más joven, que me contó su historia. Y, como la he creído interesante, os la voy a contar, tal y como él me la contó.
   
     Decía, la “Joven Gaviota”, que ella habí­a tenido también muchas inquietudes, durante toda su vida, Y, que también, había tenido muchas dudas: ¿del que será lo cierto y lo que no?; ¿de cuál es la verdad y la mentira?; ¿de cuál es el sentido de la vida, en general?; ¿de cuál era su propio sentido?; ¿de qué se conseguí­a, con el tanto buscar?; ¿de qué es el bien y que es el mal? Y así, me fue refiriendo, una cantidad enorme de dudas y preguntas que se hacía. Y, que ahora, para ésta historia, a mí se me parece, que sería demasiado largo citarlas.
Y me contó que se había dedicado a viajar por ver de encontrar respuestas a sus preguntas. Y que, en unos de sus viajes, se había encontrado con un cisne cantor. Y me aclaró, lo que era un "cisne cantor". Es un "Olor Cygnus”. Y no es un cisne vulgar, que éstos son mudos y no cuentan nada. Y, que los cisnes cantores, provienen de la parte oriental y como los orientales, su cara y su pico son amarillos y algo muy importante: que su vuelo no produce ruido.
     Como veréis, como buena gaviota, ella cuando explicaba algo, daba gran cantidad de detalles. Y siguió contándome, que tomó amistad rápidamente con él y conversó mucho. Y supo por ello, que era un ave que habí­a vivido ya bastante tiempo y también había volado mucho y muy alto y había conocido a muchas más aves, por lo que se había convertido en un ave muy sabia.
Entonces, la joven gaviota, se dedicó a hacerle un montón de preguntas, para ir así­ aclarando sus dudas. Y que, el Olor Cignus, le fue contestando. Y me voy, aquí, a referir solamente a aquellas que, pienso, puedan servir para aclarar algunos puntos, que no han quedado lo suficientemente amplios en la historia que nos concierne.
     Le dijo la Joven Gaviota: —"Háblame de las "Emociones Negativas"—. Y el cisne le contestó. —"Casi todo, lo que sentimos, es imaginario y si en un principio no es desagradable, fácilmente puede llegar a serlo. El objetivo de esto, que te cuento, es para demostrarte que hay formas de reducir las emociones negativas e Imaginarias. Posibilidades que existen, de eliminar poco a poco, parte de ellas y, algunas posibilidades también, de sustituir estas emociones, por emociones positivas y reales. Las emociones negativas son todas las emociones de violencia o depresión: autocompasión, ira, sospecha, miedo, enfado, aburrimiento, desconfianza, celos, posesión, etc. Generalmente, se acepta, esta expresión de emociones negativas, como algo completamente natural y necesario incluso. Pero, son un sí­ntoma de debilidad en la persona, una señal de “mal carácter” y una falta de capacidad para guardar sus propias penas. Se toma consciencia de ello, cuando trata uno de oponerse a ellas. Y esto nos puede dar otra lección: Nos damos cuenta, que no es suficiente, con observar nuestras manifestaciones mecánicas, es necesario resistirlas. Las manifestaciones mecánicas, se suceden tan rápidamente, tan imperceptiblemente y nos son tan habituales, que no podremos percibirlas, a menos que hagamos verdadero esfuerzo, para ponerles obstáculos.
Estas, emociones, son tan habituales que se puede decir que, en la mayorí­a de los individuos, sus vidas están controladas, reguladas y son principalmente arruinadas por ellas. Y, no puede decirse, que las emociones negativas, representen algo útil. Al contrario, no nos orientan, ni nos dan ningún conocimiento. Y tampoco nos guí­an de forma sensata. Porque, generalmente, echan a perder todos nuestros placeres. Hacen de la vida, una carga difícil de llevar y nos impiden nuestro desarrollo. Pues, no hay nada más mecánico que estas emociones. Ellas, se escapan, casi siempre, de nuestro control. Se engañan, los que creen que pueden controlarlas y mostrarlas a voluntad. Ellas, también están basadas en Las Identificaciones”—.

     Aquí, la Joven Gaviota, que es ansiosa por conocer, le interrumpió diciéndole:  ¿Qué es la identificación?— Y, el Cisne, le aclaró. —Uno se pasa la mitad de la vida, estando durmiendo y la otra mitad, en un estado, en que uno se identifica con todo, con lo que siente, con lo que dice, con lo que cree y no cree, con lo que le atrae y le repele, con lo que desea y no. Todo se convierte en uno, o mejor dicho, uno se convierte en todo eso. Se convierte en lo que quiere y no quiere, en lo que dice, etc. Esto quiere decir, que en este estado de identificación, uno es incapaz de separarse del propio objeto con que se identifica. Y, no hay cosas con las que no se pueda uno identificar, Y a la vez, en el estado de identificación, es cuando se tiene menos control sobre las reacciones mecánicas”—.
     Y, le afirmó también, con la acentuación de sus palabras: —Si la identificación se destruye, las emociones negativas desaparecen. Lo más curioso—. Le siguió diciendo. —Es que todo el mundo las venera. Lo que más cuesta admitir, a los humanos, es que las propias emociones, negativas y ajenas, no tiene ningún valor. Y que, no tienen nada importante, ni bello, ni noble, ni fuerte. En realidad, estas emociones no contienen más que debilidad. Y, a menudo, son la causa de males como, la histeria, del volverse loco o del crimen.
Lo único positivo, que se puede decir de ellas, es que habiendo sido creadas por la identificación y la imaginación, pueden ser destruidas, sin que ello aporte ninguna perdida y que ésta, es la única oportunidad de escapar, que existe.
Hay una realidad y, es que tenemos mucho más poder, sobre las emociones negativas de lo que creemos, Particularmente cuando nos damos cuenta de lo peligrosas que son y de lo necesario que resulta el destruirlas. Pero también, generalmente, encontramos demasiadas excusas y nadamos en el mar de la duda, en la autocompasión y el egoí­smo, buscando fallos, en todo, menos en nosotros mismos."—

     Hábleme de La Consciencia—, le dijo. —La Consciencia, es una cierta cualidad presente en todo individuo. La consciencia le ayuda a darse cuenta de lo que está bien y de lo que no lo está. Y, le une sus emociones, entre sí. Generalmente, experimentamos cantidad de emociones diferentes y hasta contradictorias, sobre un mismo tema, unas agradables y otras desagradables; ya simultáneamente, ya una detrás de la otra y no nos damos cuenta. Por la mañana hemos dicho una cosa, por la tarde otra y más aún otra distinta por la noche, pero ordinariamente no recordamos. Y, si lo hacemos, insistimos en que no sabemos que es lo que está bien o está mal, debido a la falta de la consciencia. Son los amortiguadores o resistencias, los que impiden el darse cuenta. Porque, en un estado de consciencia, no podemos evitar el ver esas contradicciones. Podemos, acceder a la consciencia, destruyendo estas resistencias y estas se destruyen a través del auto recuerdo y no de la identificación.
      La idea de la consciencia, como la de las resistencias, precisa de un largo estudio. Nada puede hacerse, si no se tiene un sentido del bien y del mal. Un sentido moral de lo recto y de lo equivocado. Primero, debe entender la relatividad moral ordinaria y después percatarse de la necesidad, de un bien y un mal, objetivos y permanentes. Solo, desde ahí, se podrán mirar las cosas.
La Consciencia está en la Esencia, que es con lo nacemos, y no está en la Personalidad.  Generalmente usamos, la palabra consciencia, en un sentido convencional, en un sentido de hábito emocional educado. Pero la consciencia es una capacidad especial que todos poseemos, pero que nadie puede usar, en estado de sueño. La destrucción de un hábito, bueno o malo puede ser incómodo, porque tenemos hábitos mecánicos, tales como: los preceptos morales, las reglas de conducta, que sacamos de nuestra educación. Por consiguiente, en la mayorí­a de los casos, lo que hacemos, es que no tomamos consciencia. Tenemos demasiadas resistencias. Y, como un principio general de la vida, es el evitar las sensaciones desagradables, salimos huyendo para evitarlas. Somos máquinas y debemos estudiar cómo podríamos cambiar algo, porque en toda máquina siempre hay donde poder empezar.
     Tenemos dos cosas que suelen ser permanentes: las resistencias y las debilidades. A las debilidades, algunas veces les llamamos rasgos, pero no son más que debilidades. Todos tenemos varias debilidades particulares. Y, algunas de sus resistencias, entran en todas las decisiones y en nuestra manera de entender. Las resistencias, son artificiales y no son orgánicas. Están y forman parte de la personalidad. Generalmente, se crean, como medios de defensa, desde el comienzo de la vida. También en la imitación a los adultos, durante la primera etapa. Y, otras, nos son introducidas, a través de la educación. Si pudiésemos criarnos, entre gente despierta, el resultado sería muy distinto. Pero, en el estado en que vivimos, la personalidad imaginaria y el yo imaginario, aparece normalmente a la edad de los siete u ocho años, por tanto, la personalidad es adquirida. Y la esencia es lo que nos pertenece y no puede ser separado de nosotros: Son nuestras capacidades e incapacidades y, tiene que ver, también, con el cuerpo fí­sico. Ambas están mezcladas y aunque no podemos distinguir una de la otra, si podemos crear esta división, como un hecho teórico. Pues, aunque no podamos trabajar con la esencia o al menos lo es bastante difícil, si podemos hacerlo con la personalidad.
A este conjunto de respuestas, a este conjunto de resistencias, junto al grupo de nuestras fantasías e ilusiones, creadas por la imaginación, que forma parte de nuestra personalidad, le podemos llamar “la Personalidad Falsa".— 


     Y le siguió diciendo.—La personalidad falsa es algo especial. Para quitárnosla, es lo primero es conocerla. Y de ningún modo confiar en ella, en sus ideas, palabras y acciones. La personalidad falsa, no se puede destruir, pero se puede ir debilitando poco a poco. Después de haberla hecho pasiva, durante algún tiempo. La personalidad falsa, no existe en realidad, pero nos imaginamos que sí, porque vemos sus manifestaciones, pero éstas no son parte de nosotros mismos. Las emociones negativas existen, pero a la vez no existen; no hay un centro real para ellas. Es una de nuestras desdichas, Estamos llenos de cosas no existentes.                


     También, están, los roles que representamos, algunos son inútiles, otros artificiales y otros pueden ser patológicos. Los representamos inconscientemente y si los intentamos hacer conscientes, pronto nos identificamos con ellos y, entonces, los seguimos representando inconscientemente. Todo esto junto constituye el "yo imaginario”.
La personalidad falsa, también, es el yo imaginario. La personalidad falsa destruye y distorsiona la memoria. La toma de consciencia es algo que debe estar basado en la recta función, Al mismo tiempo, debe irse trabajando, en el descubrimiento de la personalidad falsa. Supongamos que, uno intenta tomar conciencia de uno mismo y a la vez no quiere hacer esfuerzo contra la personalidad falsa, entonces todos sus rasgos entraran en juego diciendo: No quiero esto, no me gusta esta gente, no quiero aquello, etc. No habrá entonces trabajo, sino todo lo contrario. Y de esa forma falsa lo que puede conseguir es que se ponga más fuerte su personalidad falsa, y cuanto más fuerte sea, menor es la posibilidad de desarrollo.—

     ¿Qué son las identificaciones? —Las identificaciones son un estado casi permanente en nosotros. Es la manifestación principal de la falsa personalidad y lo que nos impide salir de ella. Debemos aventurarnos a ver este estado, separado de nosotros mismos y eso sólo lo podemos conseguir siendo más conscientes. Tratando de aumentar la autoconsciencia. Sólo de esta forma se puede luchar contra las manifestaciones como: la identificación, la mentira y hasta con la personalidad falsa.
La falsa personalidad vive de la justificación y de la glorificación de sus rasgos. Siempre estamos justificándola, considerándola legítima y disculpándola de todas las formas posibles. Entonces, lo primero que hay que hacer, es conocer la personalidad falsa y después pensar correctamente a cerca de ella. Hay que tomar consciencia, de todas las identificaciones, todas las debilidades, todas las mentiras, todas las mentiras de uno mismo, todas las consideraciones visibles y no visibles, Todas, ellas, son personalidad falsa. Y, todas las formas de obstinación, antes o después, todas hay que sacrificarlas—.
     —Entonces... ¿Hay que conocer la totalidad de la falsa personalidad?— ¡Hay que conocerla! Es como hablar de una raza determinada de aves. Si no la conoces, no puedes hablar de ella. Si sólo la has visto, entonces solamente puedes hablar acerca de ella”.

     —¿Qué me puede decir del Rasgo Principal?— El Rasgo Principal es la falsa personalidad. La mayoría de las veces, la falsa personalidad, está basada en un rasgo, que entra a formar parte de todo. La mejor forma de descubrirlo es mirándose a uno mismo. "la personalidad imaginaria" es el rasgo principal de todo el mundo. Para poder alterarlo, lo primero, es conocerlo, después mucho dependerá, de la cualidad de ese conocimiento y si se conoce bien, entonces es posible cambiarlo. Empieza por tu rasgo, habla sobre él y así sucesivamente.
Es preciso pensar sobre la falsa personalidad y en algunos casos se podrá descubrir el rasgo principal entrando en todo, como eje, que a su alrededor, todo gira. Puede que otro nos lo muestre, pero entonces posiblemente digamos: ¡Eso es mentira, cualquier cosa menos eso!  O, a veces, puede que sea tan obvio, que no podamos negarlo. Entonces, con nuestras defensas o amortiguadores, podemos olvidarlo de nuevo. Debemos, aproximarnos a él, por nosotros mismos. Cuando nosotros lo descubramos, sólo así­ lo conoceremos. Si sólo nos lo han dicho, siempre hay una posibilidad de que lo olvidemos.—

     —¿Entonces, sólo se puede ver la personalidad falsa con ayuda?  —Esto es la primer parte del trabajo. Pero, hay que tener en cuenta que, es muy fácil poder engañarse. A veces, nuestros rasgos o debilidades, ofrecen formas simples: como pereza. Pero otras, están tan bien disimuladas y ocultas, que no nos damos cuenta de ellas. Es necesario descubrirlas observándose a uno mismo y también a los demás. Para esta confrontación, el trabajo en un equipo, es importante. Si alguien piensa que puede hacer algo y a la vez rehúsa el trabajar, para adquirir ese control, las cosas se le vuelven peores. Generalmente, uno puede manifestar entusiasmo, por lo que tiene que hacer, hasta que descubre que es lo que tiene que realizar. Entonces se vuelve muy negativo, intenta explicarlo de algún otro modo o de evitarlo. Esto hay que tenerlo claro "La personalidad falsa se defiende a sí misma".—

     Yo, me había dado cuenta, por más conversaciones que tuve con ella, que se sentía atraída, por las cosas que le contaba el cisne y que simpatizaba con él. Quería creerle, pero en el fondo dudaba que hacer. Y parece ser que su amigo averiguó esto mismo, porque, me contó, que le había dicho. —Mira, crees que tendrás que abandonarlo todo, cambiar todo y dudas. Pero eso no es necesario en lo más mínimo. Por contrario, muchas veces, es más importante continuar con la vida, que uno hacia habitualmente y someter esa vida a su mayor empeño. Retirarse al desierto es, frecuentemente, la forma más fácil, pero no debemos hacer siempre la cosa más fácil. A veces es necesario tomar el camino más difícil. Yo solo puedo decirte una cosa, aprende a pensar de otra manera. Porque mientras tú ignores el modo correcto de pensar, siempre te perecerá que, en lo que yo te digo falta algo importante.—

     Entonces ella, le dijo. —Me gustaría ver la realidad. Cuando la haya visto, me sentiré mentalmente preparada para el resto y haré cuanto se me indique. Usted ve, por cierto mi punto de vista, que mi consciencia intelectual, no me permite aceptar la existencia de hechos objetivos, en base a la fe. Para conocerlos, ¿debo verlos? — El viejo cisne le sonrió y le dijo nuevamente. —Si tú vas a seguir El Camino, comenzaran a ocurrir, una serie de cambios en tu alma. En primer lugar comenzaras a descubrir una sucesión de valores nuevos y diferentes. Y junto con la aparición de estos nuevos valores, los viejos comenzaran a palidecer y a desaparecer. Y, entonces, tal vez, eso que es para ti, ahora lo más importante, aparecerá sin importancia. Esto no se puede explicar con palabras, sólo puede ser percibido. Sólo alguien que haya pasado por estas conmociones internas podrá comprenderme. En realidad, todos hemos tenido alguna experiencia como esta, al pasar de la niñez a la vida adulta. Para los niños, los juguetes, los juegos, la actividad escolar y la opinión de los maestros, todo parece increíblemente importante. Y piensa, que insignificante parece todo eso, al que encuentra pareja y se enamora. En momentos así, se aparta de sus compañeros, sus conversaciones le suenan ridículas. De la misma forma, en el alma del que camina, florece un nuevo amor y todos los valores de la vida común, los ve como juguetes infantiles. Así ocurrirá con los hechos que tú buscas, porque eventualmente puede que no te perezcan tan importantes.

     —¿Qué me podría contar a cerca de la meditación?". —Le preguntó la gaviota. —Aprende a observar, aprende a observar tus pensamientos, aprende a controlar tus pensamientos. Pregúntate, con más frecuencia, si es necesario pensar sobre lo que éstas pensando o si tal vez no sería mejor pensar en alguna otra cosa, o mejor aún, no pensar en absoluto. Esto, es lo más difí­cil de todo, pero es esencial. Aprender a pensar y a no pensar a voluntad. Saber, cómo detener los pensamientos. Ser capaz, de crear el silencio interior, dentro de uno mismo. Llegará el momento en que oiga la voz del silencio Esto es el primer y más importante yoga. Cuando llega, cuando se comienza a oír la voz del silencio y la quietud, entonces nuevas fuerzas y capacidades, pueden comenzar, a aparecer en ti. Al principio serán bajas e imprecisas, pero luego, se harán tan obedientes a su voluntad como la vista, el oído y el tacto. Pero todo debe ser aceptado con calma, sin prisa, sin prestar una atención forzada al progreso interior. La atención puede impedir el desarrollo de nuevas capacidades. Luego, es necesario aprender a ver, cada objeto como un todo. ¿Entiendes lo que significa? Normalmente tu solo ves partes de una cosa, ya sea el comienzo únicamente, sin la continuación y el final, o la parte del medio, o el final. Disponte siempre a ver cada cosa como un todo. Para tomar esta perspectiva, comienza a pensar en cada cosa al revés; no tomes el comienzo sin el final. Y entonces comenzaras a ver mucho más en las cosas, que lo que ves en la actualidad.
Te voy a aclarar lo que es la clarividencia. Nosotros estamos ahora en este prado, en el claro del bosque y vemos una parte del terreno con la hierba y todo eso, si queremos ver todo el terreno, debemos subir hasta la copa de ese árbol. Si volamos y subimos más, podríamos ver el bosque. Un clarividente es alguien que puede ver más que los otros. Para ver más, hay que "volar más alto”. Ese es todo el secreto—.
     —¿Pero significa volar más alto, que esto lo lleva a uno a lograr una especie de nuevos poderes?, ¿hay quien posee estos poderes? ¡No puedo creer que yo sea la primera! —Le dijo la gaviota. —Tú no serás la primera", —dijo el cisne. —Sin embargo para lograrlo, antes que nada, debes darte cuenta cual es la distancia, que te separa de eso, en este momento. Analiza tu día. ¿Dedicas mucho tiempo a la búsqueda de cosas superiores? Trata de preguntarte, cada hora ¿qué es lo que has hecho en ese período? Los yoguis se interrogan cada minuto. "La práctica continua es necesaria para lograr el autocontrol”.
El alma debe acostumbrarse a un nuevo orden de ideas, al nuevo plan de vida. Y cuando comiences a lograr algo, entonces, junto con el florecimiento de nuevos poderes en tu alma, comenzaras a notar que ya no éstas solo en el camino. Aunque la noche sea oscura a tu alrededor, comenzaras a ver luces en todas partes, en el camino y comprenderás, que son viajeros que van en la misma dirección que tú, al mismo templo, a la misma celebración—.

     Esto dejo a la joven gaviota llena de fe, pero quiso hacerle una última pregunta al sabio cisne. —¿Hábleme algo del sueño, del estar dormidos?
El sueño, es el resultado de muchos factores: división de personalidades, diferentes roles que desempeñamos, contradicciones, identificaciones, etc.

     Y le siguió diciendo: —Te voy a citar aquí, algo que escribió un cisne muy sabio, que conocí, hace bastante tiempo, que se llamaba Ouspensky. «El primer paso para la adquisición de la Consciencia es la comprensión de que no estamos conscientes. Toda nuestra Vida se basa en una ilusión. Siempre pensamos que estamos haciendo, cuando en realidad, no estamos haciendo nada: todo sucede. Otra ilusión es, que estamos despiertos. Cuando comprendemos que estamos dormidos, veremos que toda la historia fue hecha por gente dormida. La gente dormida pelea, crea leyes; la gente dormida obedece o desobedece. Las peores ilusiones nuestras son las ideas equivocadas, entre las que vivimos y las  que gobiernan nuestras vidas. Si pudiéramos cambiar nuestra actitud, respecto de estas ideas equivocadas y entender lo que son, esto, en sí mismo, sería un gran cambio e inmediatamente cambiarí­an otras cosas.
La toma de consciencia del estado de sueño es la única cosa importante.
     Si en esta vida no hacemos nada, la “Próxima Vida”*, será precisamente la misma, o habrá leves variaciones, pero ningún cambio positivo. Hay sólo una cosa que podemos cambiar: podemos tratar de despertar y confiar en que permaneceremos despiertos. Si, hemos de retornar, no podemos detenerlo. Estamos en un tren, los trenes están yendo hacia alguna parte. Todo lo que podemos hacer, es pasar el tiempo en el tren de manera diferente: hacer algo útil o perderlo de modo enteramente inútil.»—
*Nota explicativa.-  En ésta expresión, “la Próxima vida”, se entiende, dentro del concepto: De que no hay vida, posterior a la muerte. Pero, en el ser humano, por evolución, sobre los otros seres vivos, se ha alcanzado la cualidad de llegar a un mayor desarrollo de la consciencia. Y, teniendo también, en consideración, el nuevo planteamiento del budismo occidental. Que aclara que: en el trascurso de la vida humana, pasamos por distintas etapas, que se deben cerrar, para dar el paso a otras nuevas. Dejamos la infancia, pasamos a la juventud, al adulto, etc. Y, en cada etapa hemos de morir, para que seamos libres de pasar a la próxima. Cantidad de humanos van arrastrando las anteriores, por lo que no llegan al ser maduro y auto responsable de su existencia.   
           

Antonio Ramí­rez
Granada, Octubre/92.

 


A Claudio Naranjo, que me ayudo
a descubrir, que era una gaviota y
que podía volar.






















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